Cuando tenía 10 años, Celso Fantinel ya estaba en Venezuela sembrando maíz en las tierras del estado Aragua. Su abuelo y su padre -nacidos en Veneto, Italia- le siguieron los pasos y aquello se convirtió en la forma de vida de una familia para la que Venezuela ha sido más que su patria elegida.
Geómetra de profesión, se crio muy cerca del barrio Agua de Maíz en Caracas, donde aprendió lo que es hacerse valer en las calles. Está convencido de que su prole será la heredera y trabajará la tierra heredada aquí en Venezuela. “Yo tengo unas doñas Bárbara”, señala al referirse a ellas.
Conversar con Fantinel es sumergirse en los detalles del trabajo del campo, de sol a sol. Hoy es el presidente de Fedeagro y quizá si tiene una frustración es el no encontrar más voluntad en los hacedores de políticas públicas para impulsar al pequeño y mediano productor.
-¿Qué tanto ha mejorado el sector agrícola en los últimos años?
-Al cierre de 2018, la soberanía interna abarcó entre 22% 23%. Al cierre de 2024 y enero de 2025 -cuando contabilizamos algunos rubros- la cifra fue de 59% de soberanía. Eso es un esfuerzo titánico que también se debe a la dolarización, porque los insumos y repuestos se cotizan y pagan en dólares. Esto ha garantizado el retorno de inversión, sobre todo en rubros extensivos como el maíz, el azúcar, el arroz y luego las hortalizas y frutas. Garantizar al productor el retorno de inversión es medular.
-¿Cómo ha beneficiado al sector el cese de la política de expropiaciones?
-Al intervenir a la empresa camaronera volvió aparecer ese fantasma. Hay que recordarle al gobierno que pudo haber manejado mejor esa situación. Ahí hay socios y múltiples empresas vinculadas a la camaronera. Eso, además, fue ir en contra de 9 mil puestos de trabajo, siendo esta la mayor empresa exportadora luego de la petrolera.
Todo esto nos crea muchas dudas. Hay que recordar que nosotros tenemos invasiones en fincas productivas y siempre está ese fantasma encima. Así como el fantasma de la hambruna de los años 2017, 2018 y 2019. Que no vuelvan a aparecer está por verse porque estoy observando que las importaciones en materias primas en enero y febrero son casi 60% menos que en el mismo periodo del año pasado.
-¿Continúan produciéndose la deserciones de los trabajadores del campo?
-Sí continúan, pero incluso si un periodista va a una finca a preguntar difícilmente podría tener respuesta en este aspecto. No quieren retratarse y si los invitamos a dar declaración, se niegan. Hay deserciones. Las detectamos más fáciles en las siembras de maíz, arroz y azúcar, pero la mayor en este momento está sucediendo en las siembras de hortalizas.
Muchas de estas tierras, que son pequeñas parcelas, están siendo sujetas a la medianería porque les tienen miedo a la Ley de Tierras que prohíbe el alquiler. Lo hacen calladamente y muchas veces ni siquiera hay una firma de un contrato. La diáspora se ha llevado a los jóvenes entre 18 y 35 años.
-¿Podría nombrarme tres requisitos que necesita urgentemente el sector para su recuperación?
-Financiamiento, diésel y rentabilidad.
-¿Ha habido algún adelanto o conversaciones con el Ejecutivo para esto?
-No, hemos retrocedido porque el finamiento está desaparecido. El diésel, que estaba en un promedio de entre 0,22 a 0,25 centavos de dólar subió entre 0,75 a 0,80 centavos de dólar. Según Pdvsa, es un diésel importado y tiene su precio, pero el transporte lo está pagando a 0,50 centavos de dólar. El tema de lograr contratos con la agroindustria y los supermercados se nos ha hecho difícil. Entonces, ante todo esto, el productor está sembrando a ciegas.
-¿Existe entre los hacedores de política agrícolas la intención de disminuir las importaciones en beneficio de la producción nacional?
-Veo que más bien vamos en contrasentido porque para disminuir las importaciones tienes que incentivar el financiamiento, la rentabilidad, tener los insumos, tener el diésel suficiente. Vemos cómo las políticas del alto Ejecutivo y del Ministerio de Agricultura no están entrelazadas entre ellos. Parece que van a aumentar el precio de la urea a precios internacionales y así no vemos cómo se pueden disminuir las importaciones de tres mil millones de dólares y de más de tres millones de toneladas. Cuando vas al detalle, hemos dejado de sembrar más 600 mil hectáreas en Venezuela y de emplear a más de 800 mil trabajadores. Los empresarios han dejado de manejar un volumen de alrededor de 800 millones de dólares.
Las cuentas que hace la Confederación Nacional de Agricultores y Ganaderos de Venezuela son que por cada dólar de materia prima importada nosotros lo hacemos entre uno y medio a dos dólares. Es decir, si trajiste 3 mil millones de dólares, nosotros entre el sector primario y todos los demás que se adhieren sería el doble. Hay 17 estados cuyos primeros y segundos ingresos regionales dependen de la industria de la agricultura y la ganadería. Hasta el Zulia ahora es pecuario y viene avanzando en agricultura con el aceite de palma, por ejemplo.

su recuperación son: financiamiento, diésel y rentabilidad / Fotos: Raúl Romero
-Están subiendo los pecios internacionales del arroz. ¿Es esta una situación que Venezuela podría tomar ventaja?
-Hay países que sufren de sequias y cambios climáticos y, además, hay cambios de patrones de consumo y crisis económicas donde cuesta producir. El arroz está entre los tres principales cultivos del mundo. Nosotros estamos estancados en 110 mil hectáreas
-¿Por qué?
-Por falta de finamiento.
-¿Qué hace falta para aumentar la cosecha de maíz en Venezuela?
-Estamos produciendo 1,4 millones toneladas de maíz entre blanco y amarillo y las necesidades son aproximadamente 2,5 millones. Estamos produciendo de maíz blanco unas 840 mil toneladas y se importaron 270 mil toneladas. Si sumas todo, te da alrededor de 900 mil toneladas de harina. Para un kilo de harina se necesita 1,34 kilos de maíz.
En el caso del maíz amarillo se producen 450 mil toneladas, pero se importan alrededor de 900 mil toneladas. El maíz blanco y el amarillo son cultivos de corto plazo. Si hay financiamiento, insumos, maquinarias y equipos, en tres años se puede acortar la brecha que hay con las importaciones. Los costos de producción del maíz en Venezuela son 40% más caro que el promedio de Sudamérica.
-¿Qué es lo que está pasando con el café?
-Falta de políticas agrícolas publicas dirigidas a ese rubro. En ese cultivo es fundamental el financiamiento. Cuando se dolarizó, el convenimiento con la vicepresidenta Delcy Rodríguez, el Ministerio de Agricultura y la agroindustria era que el precio de estos commodities estuvieran sujetos al precio alterno a la importación. Es decir, el origen más el transporte, más seguro, más internacionalizarlo y esto daba un precio de referencia.
En el café el último acuerdo firmado por el exministro Wilmar Castro Soteldo era que la agroindustria del café se adhiriera a ese convenio al precio internacional. ¿Qué es una espada de Damocles? Sí porque, así como sube el precio, puede bajar también. El precio del café se cotizó a 430 dólares el quintal de 46 kilos y aquí en Venezuela lo estábamos pagando a 150 dólares o 200 dólares. Si el Ejecutivo tuviera una política consciente de lo que sucede, se tomarían parte de los quintales y se exportarían y el diferencial se podría retornar el productor.
-¿Es decir, que estamos en condiciones de exportar?
-Sí, por falta de consumo.
-¿No es por aumento de la producción?
-No, tenemos menor producción que en 2004, cuando llegamos a 1,8 millones de quintales, y ahora estamos en 1,2 millones de quintales.
-¿Ha caído el consumo debido al precio?
-Sí, hay un menor consumo por el precio. Cuando divides lo que se paga al quintal de café y lo divides entre lo que rinde que son 39 kilos. De 46 kilos a 39 kilos signifia que la agroindustria le paga al productor 4,5 dólares. Luego ese kilo se saca a puerta de fábrica en 8 u 8,5 dólares y se coloca en el anaquel, donde se vende en 11, 12 o 13 dólares según la calidad. Debería haber un punto medio que estuviera en alrededor de 300 dólares la tonelada. Esa negociación se hubiera podido llevar a cabo, pero hay productores que vendieron a 150 dólares, 160 dólares e incluso en 200 dólares.
Probablemente en abril, cuando comience a escasear -porque ya culminó la temporada- se venda todavía más caro. La Corporación Venezolana del Café no tiene conocimiento de lo que está sucediendo y el gobierno no apoya con un fondo de estabilización de precios. Quedamos a merced de la agroindustria.
No me gusta decirlo porque somos una cadena. No quisiera decir que deslealmente la agroindustria ejerce su posición de dominio por tener los recursos para comprar las cosechas. Sin embargo, sí debo decir que este año la agroindustria no tuvo la capacidad de comprarnos la cosecha ni en 30, ni en 60, ni en 120 días. Hay una guerra de precio.
Por cierto, cuando el presidente de Polar, Lorenzo Mendoza, señaló que había competencia ilegal porque hay empresas que no pagan impuestos hubo un malentendido. Él no se refería a la marca Mary, sino a los chinos. Es probable que esa pelea de precio haya afectado el flujo de caja del sector industrial para comprar la cosecha. Antes, en 90 días casi toda ya estaba vendida.
-Entonces, ¿a qué rubros le está yendo bien?
-A ninguno.
-Ante esta realidad, hay espacio para hablar de agrotecnología.
-Con la Asociación Venezolana de Agrotecnología tenemos convenios firmados para poder llevar la tecnología de satélites, de drones, de implementos especiales que miden la clorofila de las plantas, la humedad del suelo y eso va a conducir a mejorar la productividad. La renta petrolera se acabó y debemos ser productivos y eficientes, pero sin apoyo y financiamiento es difícil que el productor pequeño y mediano que se ha rezagado pueda salir adelante. Precisamente estos conocimientos son para ellos y hay que darles apoyo para que no desaparezcan.









