Un video mostrando un camión de Churromanía entrando a la inauguración del llamado Alligator Alcatraz, un centro de detención para inmigrantes en el estado de Florida, dejó impactado a todos los venezolanos. La historia de éxito de los Acosta Rubio que comenzó con una tiendita en Caracas, Venezuela, hace casi 30 años, ganándose el corazón de la población y demostrando que un emprendimiento puede ser un modelo de negocios franquiciable y de exportación, se vino abajo y ha causado indignación, rechazo, asco.
Un centro de detención a donde están siendo trasladados nuestros compatriotas, tratados como criminales y sin el debido proceso, utilizados como señuelo político y marcados de por vida, fue el lugar a donde un franquiciado decidió ofrecer sus postres cargados de dulce de leche y chocolate para estimular la dopamina que produce sensación de bienestar. ¿Cómo calificar algo tan vil? ¿Hasta dónde puede llegar el grado de servilismo y adulancia a una administración que ha maltratado tanto a compatriotas que emigraron por necesidad?
Un centro cuyo nombre alude a cocodrilo; como si esa almas cautivas -sin representación legal- merecieran perecer en las fauces como carnada. En eso se han convertido algunos venezolanos, en unos chupamedias que solo les importa aumentar cada día más sus arcas a costa de la ética, el sentido común y, sobre todo, la solidaridad.
El caso Churromanía es solo un ejemplo de cómo algunos venezolanos que viven fuera del país se han convertido en inquisidores de los migrantes y de los que se quedaron en Venezuela. Se olvidaron de que quienes son y lo que le deben a su país. Miran hacia otro lado cuando sus intereses no son compensados. Son aquellos que no quieren tener la capacidad de entender procesos históricos. Son los que no tienen idea de lo que significa trascender. Son esos que confunden gobierno con nacionalidad; gentilicio con partido político.
Sí, ha habido un comunicado donde finalmente asumen la responsabilidad. Allí no se nombra ni una sola vez que es una franquicia nacida en Venezuela, solo dice que es “fuerte e internacional”. Como si la patria opacara. También dice que no tienen una agenda política y que no apoyaron el evento. Tarde piaste pajarito, como dicen en mi país.
El caso Churromanía quedará en nuestra memoria como una acción vil en medio de un ambiente hostil para cada venezolano migrante que enfrenta ahora prohibiciones extremas en Estados Unidos y que son apoyadas por sus propios compatriotas. Será también un caso de estudio en las escuelas de Comunicación Social y Publicidad cuando se le relacione con crisis reputacionales de las marcas y sus efectos en la audiencia.
Quizá sus dueños deberían tener un código de ética para sus franquiciados, recordar que tener una marca no significa solo ganar dinero, es trabajo de años para obtener un puesto en el mercado, es ofrecer un servicio o producto de calidad, pero es también llevar en el pecho la venezolanidad como marca.
Habrá que recordarles a los dueños de Churromanía lo que es ser venezolano. Podrían comenzar por leer a Rómulo Gallegos, a quien al menos espero que sepan quién fue. Para él ser venezolano significaba tener una estrecha relación con su tierra, tener fortaleza y sensibilidad, buscar siempre la justicia y, sobre todo, el progreso. Pero en caso de que no sepan quién es, Google o Grok pueden ayudarles a dejárselo bien claro.









