El primer acercamiento que tuvo el republicano Caleb McCarry con Venezuela fue en septiembre del año 2002, cuando todavía estaban frescas las cicatrices del golpe de Estado. En ese entonces, se produjo la primera reunión de lo que luego sería el llamado Grupo de Boston.
La delegación estadounidense estaba liderada por el entonces senador republicano Cass Bellenger, quien presidía el subcomité para Asuntos Hemisféricos Occidentales del Senado de Estados Unidos. Como fundadores de ese grupo estuvieron, entre otros, los demócratas William D. Delahunt, Gregory Meeks, John Kerry y Edward Kennedy.
Por Venezuela, aquella diligencia se le asignó a los diputados del chavismo Nicolás Maduro, José Khan, Luis Acuña, Calixto Ortega, Tania D’Amelio, Saúl Ortega y Victoria Mata, entre otros. Por la oposición intervinieron Pedro Díaz Blum, Ramón José Medina, Leopoldo Puchi, Luis Beltrán Franco, Carlos Tablante, entre otros.
24 años después McCarry puede ser de los estadounidenses que más entiende el proceso político de Venezuela y está convencido de que es un conflicto donde muchos sobran y donde el odio político ha impedido el reconocimiento a las diferencias.
Su carrera profesional incluye el haber sido CEO del Development Finance Corporation durante la primera administración del presidente Donald Trump y actualmente es vicepresidente de Pax Sapiens, una organización dedicada a prevenir riesgos catastróficos específicos prevenibles.
-¿Por qué cree que el gobierno de Donald Trump repite nuevamente la estrategia de máxima presión contra Venezuela sabiendo que ya era un fórmula probada que no funcionó?
-Creo que quienes insisten en la máxima presión es la misma gente que siempre ha abogado por esa política radical en Venezuela. Ellos coinciden con esa oposición y, por eso, de nuevo se ve la misma táctica, y la verdad que pareciera que no tienen otra táctica.
–¿Por qué no funciona?
-No funciona porque aquí tanto como allá no entienden que el problema no es el chavismo. El problema es el conflicto con el chavismo y entre el chavismo y la oposición, sobre todo la oposición radical. Es un conflicto que ya tiene 25 años en curso. Es un conflicto en que ni una parte ni la otra han logrado liquidar al otro, y se ha complicado mucho por la invitación de las partes a potencias foráneas en ese conflicto.
-¿Cree que a Estados Unidos le ha faltado comprensión acerca de la realidad venezolana y su proceso histórico?
-Sí, claro que sí. Yo creo que aquí siempre ha habido desaciertos. Por muchos años y me incluyo en esto. Nosotros siempre veíamos a los movimientos de la izquierda en Latinoamérica como una posición extranjera de comunistas, que sería rechazada como ocurrió en la Europa Oriental. La verdad que eso no fue cierto, y lo que no hemos logrado entender es la propia historia de Latinoamérica y la naturaleza de estos conflictos internos.
–¿Cuál es la lógica que hay detrás de la política de sanciones?
-En el pasado lo que se buscaba eran herramientas para avanzar en los objetivos de la política exterior de Estados Unidos, sin tener que recorrer a la fuerza militar. Entonces, se pusieron de moda las sanciones. El problema es que todo se veía como si fuera un problema de la misma talla y todo tenía la misma solución, es decir, las sanciones.
-Hay quienes piensan que con el caso de Venezuela desde Estados Unidos hay como cierta inquina.
–Bueno, sí, y es posible que sea así porque lo que motiva esta política no es otra cosa que el odio, y el intento de esa venganza son precisamente las sanciones. Un lado se impone sobre el otro lado en el conflicto interno. Yo creo que ese es el motivo por el cual no ha dado resultado.
-Hay tres vuelos diarios directos desde Miami a La Habana. No hay ni un solo vuelo directo entre Estados Unidos y Venezuela. Esto resulta difícil de entender.
-Sí. Mira, es solo comprensible dentro de lo que he expresado, que es que la política de Estados Unidos es una continuidad del conflicto interno que viene desarrollándose desde hace 25 años en Venezuela y creo que es un error pensar así. Hay muchos venezolanos aquí, en Estados Unidos, que contribuyen mucho y tienen familiares en Venezuela. Dividir a la familia venezolana no es la forma de lograr solucionar el conflicto, más bien lo agrava.
-Usted cree que realmente hay dos posiciones distintas entre Richard Granell y Marco Rubio, ¿o esto es más bien parte de un juego político?
-De nuevo, el error fue que los venezolanos nos involucraron en un conflicto interno. Aquí, en Washington, hay muchos que si no se dan cuenta de lo que pasó en ese sentido, sí se dan cuenta de que no ha funcionado. También saben que desestabilizar a Venezuela no es del interés de Estados Unidos ni de los vecinos de Venezuela. Yo creo que las diferencias que se marcan en las perspectivas se deben a eso.
–Según tu criterio, ¿cuál podría ser una política exterior mucho más eficiente desde Estados Unidos a Venezuela?
-Primero, yo creo que hay que aceptar que el conflicto venezolano solo puede ser resuelto por venezolanos y hacer los posible por crear condiciones para que las partes en conflicto puedan buscar fórmulas para ir resolviéndolo y reconstruyendo al país.
Segundo, velar por los intereses nuestros, al igual que los venezolanos tienen que velar por los intereses suyos. Eso no lo puede definir un venezolano a un americano ni un americano a un venezolano. Y, tercero, en el fondo Venezuela es un país democrático y creo que los venezolanos tienen una vocación democrática muy profunda. Entonces, cualquier solución tiene que ir en ese sentido.
–¿Cree usted que el petróleo de Venezuela es de importancia para Occidente?
-Claro que sí, y no solo por la oferta de grandes recursos. Allí es donde está el problema también porque hay que ver cómo los venezolanos logran un buen manejo de esos recursos y que no sean instrumentos de aventuras militares.
-¿Usted realmente cree que empresas que tienen más de 100 años en Venezuela, como Chevron, se van a ir de Venezuela producto de las sanciones? ¿O cree que se va a llegar a una negociación?
-Las empresas norteamericanas que se han mantenido en Venezuela lo han hecho por un interés intrínseco que para mí va más allá de solo hacer dinero. Es un compromiso con el país y eso para mí no va cambiar, y creo que también es algo que tiene un valor tanto para Venezuela como para mi país.
-¿Qué impresión tiene usted de Venezuela?
-Cuando me ha tocado sentarme en una mesa con chavistas, opositores y otros siempre digo lo mismo: “Aquí solo veo hijos e hijas de libertadores”. Todos son venezolanos y mi sueño es que los venezolanos se reconozcan también como tal.









