Elías Crespín: Yo no soy tan “agallúo”, no hemos revalorizado las obras

La exposición “Continuum” del artista plástico venezolano Elías Crespín en la Hacienda La Trinidad se convirtió quizás en una de las exhibiciones más concurridas en los últimos años en Caracas y, por supuesto, en Venezuela. Más de 1.000 visitantes por día, colas para ingresar y congestionamiento para estacionar en ese centro cultural en el sureste de la ciudad.

Durante casi tres meses, las salas de una casona colonial de una antigua hacienda tabacalera en las afueras de Caracas fueron el escenario para varias creaciones de Crespín, quien ya figura como el primer artista contemporáneo latinoamericano en vida que tiene una obra en el Museo de Louvre en París: “L’Onde du midi” (La onda del mediodía).

Crespín nació en Caracas el 20 de noviembre de 1965, es decir, está próximo a cumplir 60 años. Estudió computación en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y es nieto de la también artista plástica Gego (Gertrud Goldschmidt), quien nació en Alemania y se radicó en Caracas donde falleció.

La exhibición de “Continuum” fue posible por el impulso de muchas personas y organizaciones, pero en particular por el liderazgo de Luis Miguel La Corte, exdirector de la Galería de Arte Nacional (GAN), a través de Espacio Monitor con el apoyo de la Embajada de Francia en Venezuela, la Fundación Telefónica, la Fundación Laser de la compañía aérea homónima, Goethe Institut, White Technologies y Duncan.

– ¿Qué significa para usted 1965, el año de tu nacimiento?

-Fue un gran año como los grandes vinos. (Risas)

-Obviamente ese año era recién nacido, pero con el tiempo, ¿qué referencia tiene de 1965?

-Nunca me he planteado que referencias tengo de ese año, pero era época de boom y aquí en Venezuela todo iba creciendo como espuma en el río.

– ¿Algo desde el punto de vista artístico?

-Era un año en el que el cinetismo estaba haciendo de las suyas con Soto y Cruz-Diez en París, es la época cuando Gego se consolida como artista y también de Alejandro Otero.

– ¿Cuál es el primer recuerdo de la obra de su abuela?

-Cuando tenía como siete años me acuerdo de una exposición que tuvo en la Galería Concrete, que estaba en el edificio Galipán, cercana al Centro Lido, donde hoy está el Centro Galipán.

-¿Qué lo llevó a estudiar computación si estaba marcado por el arte?

-Papá trajo una computadora a la casa. En ese momento eran unos aparatos que no sabías bien para qué eran y contaban con una máquina de escribir que se enchufaban al televisor y tenían unos jueguitos muy básicos, pero traían un documento que me resultó súper interesante que era la guía de aprendizaje de programación. Un día me senté a leerla y… ¡Guao! Empecé a hacer todos los ejercicios y me quedé pegado programando líneas y puntos de colores en la pantalla, líneas que se movían, cambiaban de inclinación con el tiempo, puntos que aparecían y desaparecían, puntos que se movían. Todo eso era el resultado de los ejercicios que te ponían en esa guía de programación.

-¿Tuvo claro entonces su vocación para estudiar computación en la UCV?

-En ese momento decidí, pero fíjate que lo que me interesaba era lo gráfico y no la visualización de las matemáticas y eso es lo que hago ahora.

-En la conferencia de prensa que ofreció al momento de la apertura de la exposición y en varias entrevistas que ha concedido hace referencia a que su entrada al arte ocurre porque en el año 2000, es decir, hace 25 años, le impactó una obra de Jesús Soto en la Galería de Arte Nacional. ¿Qué tenía esa obra?

-Es un espacio cartesiano en tres dimensiones. Estudiábamos los benditos espacios cartesianos en matemáticas, que son como un cubo.

-¿Quiere decir que su aproximación a esa obra de Soto fue primero a través de la matemática?

-Primero fue por los ojos y luego fue una percepción de un objeto maravilloso y después es como un espacio cartesiano donde se pueden graficar funciones dinámicas. Me hice la pregunta: ¿Será que esas funciones dinámicas, que uno las puede programar en la computadora, pueden gobernar un movimiento de este maravilloso espacio cartesiano? Esa idea, ese flash quedó ahí latente y lo dejé. No quedé ni preocupado. Yo tenía mis actividades, mi trabajo, mis responsabilidades y no fue sino dos años después que tuve tiempo de sentarme y ya ni me acordaba bien de ese momento, pero me senté a ver cómo era eso de hacer un programa que moviera unos motorcitos y después veríamos qué podía conectar esos motorcitos para hacer algo.

-Antes de eso, ¿había tenido alguna incursión en el arte? 

-Digamos que como manualidades artísticas como un hobby o para hacerle un regalito a alguien.

-¿Ciencia y arte se complementan?

-Diría que son dos disciplinas del quehacer humano, son autónomas, pero también las puedes juntar.

-¿Cómo percibe Elías Crespín hoy día ese mundo de la informática y de la computación? ¿Como un complemento para sus obras o también como parte de la carrera que estudió?

-De las dos maneras porque todavía hago el trabajo de programador o diseñador para mejorar la parte de software que es parecido a lo que hace un ingeniero en esas disciplinas.

-Ha comentado que buena parte de ese trabajo inicial lo comenzó durante el paro petrolero de diciembre de 2002 y enero de 2003. ¿La incertidumbre o la ansiedad inspira el arte?

-No en mi caso, fue sencillamente tiempo disponible. Era una actividad que me tomaba toda la atención y me olvidaba del resto de lo que estuviera pasando en ese momento y me concentraba

– Y eso le pasó también en la pandemia del COVID-19?

-Sí. Fueron momentos de reflexión para ir avanzando en obra.

– ¿“L’Onde du midi” es un punto de inflexión, hay un antes y un después, por el hecho de que fue la obra seleccionada para formar parte de la colección permanente del Louvre?

-Por supuesto. El Louvre es un museo mundialmente conocido y atrae millones de personas al año, por lo tanto, es un sitio emblemático.

-Bueno el Louvre es “El Museo”

-Ciertamente. C’est “Le Musée”. El hecho que me hayan invitado a tener una obra permanente evidentemente marca un hito en mi carrera.

-¿Cómo fue ese día que se enteró que tendría una obra en el Louvre? ¿Fue un proceso o se dio de manera inesperada?

-Fue inesperada. Me llamaron, me invitaron a una reunión con el presidente del Louvre. Yo sí me imaginaba que por ahí venía algo, pero no sabía exactamente qué podía ser. Fui a la reunión y después de las presentaciones, él me dijo que había visto mi trabajo y que le gustaba enormemente. Le fascinaba el trabajo del volumen y la geometría y que quería que concibiera una obra permanente para algún espacio del museo.

-Desde ese momento, ¿cuánto tiempo pasó para la exhibición de la obra?

-Un año y dos meses.

-¿Eso marcó una valoración también en sus obras desde el punto de vista económico?

-Yo no soy tan “agallúo” (*). Todavía no hemos revalorizado las obras.

-El día de la inauguración de la exposición en la Hacienda La Trinidad escuchaba a unas señoras hablar del “sello” en la obra de Elías Crespín y hablaban también del “sello” de Soto o Cruz-Diez. ¿Cómo se puede distinguir el sello de Elías Crespín? ¿Por esa coreografía que uno ve en las obras?

-No había escuchado eso del sello de Elías Crespín.

-Imagino que ellas se referían a poder decir que una obra es de un artista por determinadas características.

-Yo diría que por el movimiento, o más bien la poesía en movimiento.

-También escuché a personas decir en la exposición que su obra es “una variación o evolución” del cinetismo” ajustada a la tecnología?

-Diría más bien que ajustada a las posibilidades que ofrece la tecnología actual. La tecnología es subyacente, no es parte principal de la obra, es decir, tiene tecnología para poder hacer lo que hace. Gracias a la tecnología, las obras tienen esa danza, pero la tecnología no es la esencia de la obra. Esa es una distinción importante.

– ¿La obra “Circular Inception” (Incepción circular) en un espacio oscuro solo con iluminación en las piezas es posterior a las otras que están en espacios más abiertos?

– “Circular Inception” es del año 2016. La imaginé para un edificio de Le Corbusier, donde tienen un espacio de arte que querían hacer una exposición y al final nunca se dio. La he expuesto en cuatro ocasiones: dos en París, una en Aviñón y la otra en Suecia, siempre en un espacio blanco iluminado con luz natural; y ahora en Caracas es la primera vez que la instalo en negro como he hecho con otras obras, pero nunca de esta magnitud. Cuando estaba en la sala de vigas, donde está la obra, me pregunté si la ponemos negra, ya que los anillos son de acrílico fluorescente rojo. Me dije vamos a aprovechar y experimentar, hacer un cambio y ver qué pasa con toda la sala negra e iluminarla con luz ultravioleta con esos anillos rojos flotando en la oscuridad que nos dan una idea de espacio sideral.

-El embajador de Francia, Emmanuel Pineda, en sus palabras en la conferencia de prensa resaltó que usted es un artista de los dos países, porque nació en Caracas, pero ya lleva varios años viviendo en París y también tiene origen alemán. Lo comparó con el músico Reinaldo Hahn. ¿Hoy día qué tiene París para un artista? ¿Sigue siendo el referente que encontró Hahn o en fecha más reciente Soto y Cruz-Diez?

-París tiene una referencia mundial como la ciudad de las artes y plaza que define intereses artísticos. Yo realmente la escogí porque es el lugar donde le ofrecieron un muy buen trabajo a mi esposa y nos fuimos y eso me hizo desarrollarme allí. Sin lugar a duda, París tiene características deseables para cualquier artista como la riqueza de la oferta cultural en todas las disciplinas del arte, que es enorme.

Todas las semanas hay inauguraciones, premieres de películas, funciones de teatro y eso enriquece, pero yo creo que mi obra desde el punto de vista artístico sigue siendo tan venezolana como si no me hubiera ido a vivir a Francia. París tiene el Louvre y tuve esa enorme e increíble fortuna de que me invitaran a concebir una obra para el Louvre y eso ya establece una conexión única con la ciudad.

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– ¿Cuánto pesa Caracas en su manera de ver?

-Bastante. Siempre es una emoción volver a Caracas, donde estuvieron mis inicios sin que ni siquiera mi diera cuenta que eran ciertamente mis inicios. Cuando manejo por la Cota Mil y veo que los huecos son los mismos que antes eso es una manera de decir la conexión que hay con Caracas, con el arte cinético, con las exposiciones, con la danza.

-¿Algún color para Caracas?

-El verde… El verde de la ciudad es increíble y eso me falta de París. París es una ciudad de mucho cemento y mucha construcción, aunque hay parques y jardines que son todos arregladitos y ordenados, pero en Caracas está la exuberancia y organicidad de un jardín natural silvestre que es maravilloso

-¿Se imaginó en algún momento esta experiencia de colas para ver la exposición con más de 1.000 visitantes por día?

-No, no me lo imaginé y me impresionó sobre todo las colas que se armaron para tomarse fotos o selfies conmigo. Confieso que eso me choqueó y llegó un momento que me saturó, pero entiendo que la gente tiene el deseo de aparecer y tomarse conmigo y accedí.

-A varias personas también los escuché decir: “Esta exposición debió estar en la GAN o en los Museos de Bellas Artes o de Arte Contemporáneo ¿Qué cree usted?

-Ojalá lleguemos a esas exposiciones. Yo acompañé mucho a mi abuela a montar exposiciones, específicamente en la GAN cuando estaba en el edificio clásico del Museo de Bellas Artes con esos espacios de Carlos Raúl Villanueva. Ya yo expuse una vez en una exposición colectiva y me encantaría algún día exponer allí o en el de Bellas Artes. La nueva GAN es un edificio muy grande y no sé si mi obra quede muy pequeña, pero el viejo edificio de la GAN es un espacio maravilloso.

-En este momento, ¿en qué está trabajando Elías Crespín?

-Tengo una invitación a un proyecto de exposición para el 30º aniversario de un perfumista en París y él quiere hacer una instalación multisensorial donde se estimulen los cinco sentidos. Invitó a una chef, a un compositor con dos pianistas: las hermanas Katia y Marielle Labèque, el que es perfumista, un ingeniero que va a hacer unos sopladores para estimular la piel con aire y a mí para el sentido de la vista. Primera vez que hago una obra con elementos en vidrio y son como unos tubos de ensayo delgaditos.

(*) Agallúo: Venezolanismo proveniente de agalludo, que significa ambicioso, avaricioso, avariento y es utilizado en varias regiones del país y en otras naciones de América Latina

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