La mirada hacia Venezuela de Geoff Ramsey permite entender desde una perspectiva más amplia la relación entre la administración de Nicolás Maduro y la de Donald Trump. Más allá de los ruidos que producen las declaraciones, para Ramsey está claro que el tema migratorio es para Estados Unidos más importante que cualquier otro. Una diferencia importante con el pasado y que está diseñando un entramado de medidas que a veces lucen contradictorias, pero que para este investigador del Atlantic Council no lo son.
Este especialista en relaciones internacionales de la American University puso sus ojos en Venezuela como caso de estudio hace algunos años y ha ido entendiendo su dinámica política y social cuando otros de sus compatriotas no la entendían. Hoy reconoce que hay un debate donde los desacuerdos afloran y que hacia afuera son interpretados como dos corrientes: la del enviado especial para el hemisferio occidental, Richard Grenell y el secretario de Estado Marco Rubio. Advierte que estas dos posiciones -una de máxima presión y la otra transaccional- no necesariamente son antagónicas todo el tiempo; por lo que el análisis sobre el país debe hacerse con cautela y con una visión más amplia que no necesariamente abarca un cambio político.
-Una orden presidencial impuso el arancel de 25% a todo país que compre petróleo venezolano. Luce difícil determinar quién compra y quién no. ¿Hay algo detrás de esto que no estamos viendo?
-Yo creo que esa decisión, y si también incluimos la extensión de la licencia de Chevron, refleja el hecho de que hay un debate activo y no resuelto dentro de la administración Trump sobre qué hacer con Venezuela. Y ese debate se puede resumir, efectivamente, entre los que quieren máxima presión y los que quieren máximo control estadounidense en el sector petrolero. Los que abogan por el primero ven a las sanciones -y ahora a los aranceles- como una nueva herramienta para poder presionar al gobierno de Maduro y eventualmente lograr algún tipo de quiebre en la coalición dominante. Aunque ya lo hemos visto en el pasado que cuando se ha aplicado esta estrategia no ha funcionado, estos actores en Washington todavía creen que hay alguna posibilidad de poder lograr un cambio a través de la presión.
Dentro de ese conjunto de actores está el secretario de Estado, Marco Rubio, y probablemente el asesor de seguridad nacional, Mike Waltz. Luego están los otros actores que más bien ven que Maduro no es débil, y que la idea de lograr una transición mágica de un día para otro es sumamente improbable en este momento, y más bien creen que la política de Estados Unidos hacia Venezuela debería abordar no solo temas de democracia y derechos humanos, sino también otros intereses de Estados Unidos, que incluyen el tema migratorio y la competencia geopolítica con adversarios como China y Rusia. Esos actores abogan a favor de unas políticas que mantienen cierta presión en el sector petrolero en Venezuela, pero están orientadas para aumentar el control y la influencia de Estados Unidos en el sector energético en Venezuela; mientras buscan reducir la influencia de China, Rusia e Irán. Dentro de este segundo grupo hay figuras como el enviado especial Richard Grenell; el secretario de comercio, Howard Lutnick; y el secretario del tesoro, Scott Bessent. Todavía no hay indicaciones claras sobre qué camino Estados Unidos va a tomar con respecto a Venezuela. Yo creo que esas decisiones finales probablemente no las vamos a ver hasta que haya más claridad de parte de Maduro y qué tipo de concesiones está dispuesto a dar a Washington.
-Puede haber dos interpretaciones de esta decisión arancelaria: que Estados Unidos quiera ser el único que le compre petróleo a Venezuela o que busca que nadie compre crudo a Pdvsa. ¿Cómo lo ve usted?
-La política hacia Venezuela en este momento es vista de manera diferente dependiendo del grupo. Hay quienes quieren volver a la máxima presión y están viendo esto como una victoria; y lo mismo aplica para los que quieren algún tipo de política más transaccional. Si me preguntas a mí, yo tiendo a pensar que estas medidas tomadas por Estados Unidos son un paso hacia una política más transaccional con respecto a Venezuela, yo creo que no es una coincidencia que Estados Unidos anunciara estos aranceles el mismo día que la extensión de la licencia Chevron. Hay que recordar que hay otras licencias generales que también fueron anunciadas como la licencia General 8, que ha sido renovada cada seis meses desde 2019. Lo mismo podría suceder con Chevron. Estados Unidos podría seguir renovando esta licencia dándole permiso a esta empresa para seguir activo en el país mientras busca concesiones de Maduro en la materia de energía. Principalmente me imagino que Estados Unidos está muy interesado en buscar reformas que permitan un control mayoritario de las empresas privadas en sus proyectos mixtos con Pdvsa.
-¿Qué diferencias hay entre la política que impulsa el enviado especial para el hemisferio occidental, Richard Grenell, y el secretario de Estado, Marco Rubio?
-Grenell obviamente es la cara de una política más transaccional, más pragmática que busca tener algún tipo de interlocución con el gobierno de Caracas. Rubio, en cambio, es la cara de una política más dura que busca volver a la época de máxima presión de 2019. Yo creo que las diferencias entre Grenell y Rubio se han exagerado un poco. A estas alturas creo que estamos viendo más bien una estrategia coordinada de policía bueno, policía malo con respecto a Venezuela. Sin embargo, la decisión final sobre qué va a hacer Washington con Venezuela está sujeta a la pregunta eterna de qué es lo que Maduro estaría dispuesto a acceder.
-Cayendo en el campo de las especulaciones, ¿qué podría estar dispuesto a ceder Maduro y a qué podría estar dispuesto a acceder a Estados Unidos?
-Yo creo que la realidad es que nadie en Washington y nadie en la administración está hablando de una solución mágica. Ya no hay un énfasis en una transición inmediata de un día para otro. Incluso el propio secretario Rubio está hablando de la posibilidad de organizar una nueva elección en Venezuela. Irónicamente esa es la misma propuesta que presentaron líderes regionales como Petro y Lula hace seis meses. A mi parecer esa es una indicación de que Washington lo tiene muy claro, es decir, que Maduro no va a ir a ningún lado en el corto plazo. Eso no quiere decir que Estados Unidos esté abandonando su interés en promover una transición democrática. Hay más bien un entendimiento de que cualquier tipo de transición va a tener que ser un poco más gradual, más reformista, y con más garantías para todas las partes.
-Hay una gran preocupación entre la clase media con respecto al travel ban (prohibición de viajar) que se les aplicaría a los venezolanos que viven en Venezuela y desean viajar Estados Unidos. ¿Realmente podría ser impuesto?
-Definitivamente sí podría ser impuesto y creo que todo indica que es una opción que está sobre la mesa y además entraría en el interés de la administración de contener la migración masiva de Venezuela. La administración Trump ha eliminado la figura del TPS para cientos de miles de venezolanos y está buscando la forma de acelerar las deportaciones a Venezuela. Yo sí creo que la administración entiende que esa política de deportaciones masivas no es viable sin lograr algún tipo de acuerdo mínimo con el gobierno en Caracas y es por eso que hemos visto estas negociaciones en curso entre el enviado especial Grenell y Jorge Rodríguez.
-¿Usted realmente lo percibes así?
-Claramente es así, Maduro está interesado en dos cosas principalmente. La primera es que quiere ampliar su acceso a recursos económicos y la segunda es que quiere aumentar la percepción de su legitimidad en la comunidad internacional; de allí que el gobierno está viendo una oportunidad de lograr ambas cosas en sus conversaciones con la administración Trump. La ventana para avanzar en esas negociaciones todavía está abierta, pero se podría cerrar en las próximas semanas si Maduro no está interesado en ceder algunas solicitudes que le están pidiendo Estados Unidos, Por cierto, no solamente relacionado con los intereses energéticos, migratorios y geopolíticos, sino también en el interés de Estados Unidos en avanzar en algún tipo de solución política a la crisis venezolana.
-La imposición de un arancel a quien compre petróleo a Pdvsa, el posible travel ban, y la amenaza de que la nueva licencia 41b no sea renovada son medidas que afectan principalmente a la población en Venezuela. ¿Qué sucede? ¿Se olvidaron de la gente?
–Bueno, yo creo que la administración Trump está pensando en los intereses puros y duros de Estados Unidos y los está definiendo en términos de intereses energéticos, migratorios y geopolíticos. El presidente Trump estuvo muy claro antes de su llegada al poder en que quería privatizar las deportaciones masivas como solución a la cantidad de migrantes indocumentados en este país. Creo que es por eso la administración está tan enfocada en limitar el acceso al estatus legal de los venezolanos que llegan al país. Independientemente de lo que pueda decidir la administración en cuanto a su estrategia de presión con respecto a Maduro. Pienso que esa política, ese interés en contener y parar la migración hacia Estados Unidos va a ser permanente. Por eso vemos que el acuerdo de deportaciones.
-Cree usted que estas políticas que está impulsando Estados Unidos las está capitalizando la oposición venezolana o no?
-Sin duda la oposición venezolana podría buscar una mejor manera de insertarse en esas conversaciones. Hasta ahora hemos visto que la oposición ha perdido cierto acceso importante en Washington. No es casual que Edmundo González haya estado en la misma ciudad que Donald Trump tres veces entre enero y febrero y no lograra una reunión con Trump y ni siquiera fuera invitado a la toma de posesión en enero. Sin embargo, el desafío principal para la oposición en este momento es buscar cómo adaptarse a la nueva realidad de la cambiante política de Estados Unidos hacia Venezuela; mientras sigue buscando permanecer relevante en el terreno. Creo que a veces en el pasado la oposición ha cometido el error de priorizar la relevancia internacional a costo de su relevancia doméstica. La oposición tiene una gran oportunidad en este momento de avanzar en ambos terrenos, es decir, seguir siendo una cara para el cambio democrático en Venezuela con apoyo mayoritario; mientras también busca tener incidencia a nivel internacional.









