Pocos días después de asumir su segundo mandato como presidente de Estados Unidos, Donald Trump dio algunas pistas de hacia dónde orientaría su polìtica con respecto a China, la cual ha ido escalando con el paso de los meses; al punto de que una de sus más recientes medidas fue aumentar a 245% los aranceles a las importaciones del gigante asiático.
Sin embargo, esta polìtica hacia China no es nueva. Se remonta a 2018, un año después de que Trump se convirtiera por primera vez en presidente de la nación norteamericana. En ese entonces, Estados Unidos aseguró que el país asiático no solo estaba dando «señales peligrosas» en el ámbito militar, sino también en lo económico-comercial.
Así que Trump decidió imponer aranceles a China, argumentado su preocupación sobre presuntas prácticas comerciales desleales y robo de propiedad intelectual por parte de ese país. «Estamos trabajando para dejar claro a China que tras años de ataques a nuestra industria, y de robar nuestra propiedad intelectual, el robo de trabajos y riqueza estadounidenses han llegado a su fin», dijo el gobernante en su discurso sobre el Estado de la Unión el 5 de febrero de 2019, al explicar el motivo de su política arancelaria.
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Ante esas medidas, China respondió con aranceles a los productos procedentes de Estados Unidos. Lo que llevó a una escalada entre ambas partes que puso en riesgo miles de millones de dólares en bienes. Posteriormente, hubo un acuerdo de «Fase Uno», firmado en enero de 2020, en el que la nación asiática se comprometió a comprar 200.000 millones de dólares adicionales en bienes y servicios estadounidenses durante los próximos dos años.
“Hemos alcanzado un acuerdo significativo de primera fase. Había mucha fricción entre Estados Unidos y China, pero ahora hay un festival de amor”, señaló el presidente estadounidente na en octubre de 2019, meses antes de firma el acuerdo de Fase Uno.
El retorno del conflicto entre EEUU y China
Las órdenes ejecutivas de Trump de febrero de este año se convirtieron en el preámbulo de lo que vendría: anunciaban aranceles a las importaciones procedentes de China, México y Canadá. Las tarifas sobre todas las importaciones chinas pasaron de 10% a 20%, los cuales se sumaban a los aranceles existentes sobre cientos de miles de millones de dólares en productos chinos.
El 2 de abril de este año, Trump anunció, en el marco de lo que bautizó como el «Día de la Liberación» de Estados Unidos, la aplicación de «aranceles recíprocos» a casi todos los paìses del mundo, incluyendo, obviamente, a China; y desde entonces no ha hecho más que profundizarse el conflicto entre ambas naciones.
Golpes van y golpes vienen de ambos lados. El pasado 16 de abril, en un comunicado, la Casa Blanca anunció que: «China ahora enfrenta un arancel de hasta el 245% sobre las importaciones a Estados Unidos como resultado de sus acciones de represalia». Además, la medida responde a que la nación asiática se ha negado a negociar como sí lo han hecho -según Washington- más de 75 países que se comunicaron con el gobierno de Trump.
Este anuncio se dio luego de que en días pasados, China suspendiera las exportaciones de minerales raros e imanes, siendo estos un componente esencial para empresas del sector automotriz -que también fue pechado con un arancel de 25%-, aeroespacial, fabricantes de semiconductores y contratistas militares, no solo de Estados Unidos sino de todos los países del mundo.
“Estamos en conversaciones con China. Debo decir que nos han contactado varias veces”, manifestó el presidente de Estados Unidos el pasado jueves en una rueda de prensa. Pero se mostró cauteloso cuando se le preguntó si había hablado directamente con el presidente chino, Xi Jinping, a pesar de haber dado varios indicios en días anteriores de que sí lo había hecho. «Nunca he dicho si ha ocurrido o no», respondió.
China, por su parte, no ha bajado la guardia y en respuesta a la escalada de aranceles, aumentó las tarifas sobre algunos productos estadounidenses hasta el 125%. También ha advertido que extender dicha guerra comercial tendría efectos “perjudiciales” para el mundo y, especialmente, para los Estados Unidos.
“Medidas como la imposición de tasas portuarias y aranceles a los equipos de manipulación de carga de China son perjudiciales para todo el mundo. Hacen subir los costos del transporte marítimo global, perturban la estabilidad de la cadena de suministro global y hacen aumentar la presión inflacionaria en Estados Unidos”, aseguró este viernes el portavoz de Exteriores, Lin Jian, en referencia a los aranceles portuarios que la administración Trump también impuso, según reseñan agencias de noticias.
China ha asegurado, mediante su Ministerio de Relaciones Exteriores, que «siempre ha mantenido comunicación a nivel de trabajo» con Estados Unidos; al tiempo que ha resaltado que el gobierno de Xi Jinping está «abierto a consultas», peroo solo si estas se basa en el «respeto mutuo».
Hasta ahorao, la guerra comercial que Trump ha destado no solo contra China, sino contra el mundo, ha tenido un impacto significativo en las cadenas de suministro globales, lo que ha llevado a las empresas a reconsiderar sus estrategias de abastecimiento. Además, el comercio global se ha visto reducido y la incertidumbre en los mercados ha aumentado, provocando caídas históricas en Wall Street y en las bolsas, sobre todo, de Asia y Europa.

