La tarde este domingo 13 de abril falleció en la ciudad de Lima, Mario Vargas Llosa. Escritor, periodista y ganador de un Premio Nobel de Literatura. Nacido en Arequipa, al sur de Perú, fue un defensor consistente y apasionado del libre mercado y del liberalismo económico, especialmente en las últimas décadas de su vida.
Para Vargas Llosa, la libertad económica era inseparable de la libertad política y de la libertad en general. Fue un férreo defensor de la libre empresa, la propiedad privada y rechazó la mínima intervención estatal en la economía. A través de su don, dejó saber cuál era su pensamiento sobre literatura, política, cultura y la condición humana.
Pero no siempre fue así. En la década de los sesenta, Vargas Llosa sentía una profunda admiración por el régimen cubano. No fue hasta el 1971, que dicha simpatía por la “revolución” liderada por Fidel Castro acabó y dio un vuelco radical hacia el liberalismo. “Fui bañado de mugre”, dijo el escritor en 2016 en una conferencia en Chile al recordar el apego que sintió por modelos de gobiernos como el comunismo y el socialismo.
Su viraje ideológico hacia el pensamiento liberal se convirtió en una de sus causas de vida, influenciado por pensadores como Friedrich Hayek, Karl Popper e Isaiah Berlin:
“Comencé a leer a muchos pensadores liberales y quedé seducido por ellos, convencido de que el liberalismo dentro de la cultura democrática, dentro de la cultura de la libertad, era probablemente la doctrina que había impulsado las reformas más profundas, las mejores transformaciones que habían ido enriqueciendo la democracia y promoviendo valores que hoy día son universalmente aceptados”, dijo en la presentación de “La llamada de la tribu”.
Aunque ciertamente sus opiniones liberales generaron adhesiones y debates, también cosecharon críticas desde sectores de izquierda que lo acusaban de defender un modelo económico que aumentaba la desigualdad social.
«Ser liberal no es ser de derechas. Uno de los grandes éxitos de la izquierda ha sido convertir la palabra ‘liberal’ en un insulto», le dijo a la revista Vanity Fair en 2018.
Visión liberal
A pesar de asumir como un error su incursión en la política, se declaró abiertamente enemigo de las dictaduras, el autoritarismo, el estatismo, el populismo y el nacionalismo. “La libertad es el bien supremo”, fue una de las frases que patentó.
“Si uno cree en la libertad, si uno cree en las instituciones democráticas, en los derechos humanos, si uno es sensible a la miseria, a la injusticia, a la igualdad de oportunidades, pues yo creo que es un liberal. Lo sepa o no”, expresó en uno de sus tantos discursos.
Vargas Llosa cuestionó severamente los modelos económicos estatistas y socialistas, a los que responsabilizaba del subdesarrollo y la falta de libertades en América Latina. A su juicio, la democracia, aunque imperfecta, siempre fue preferible a cualquier forma de dictadura, ya fuera de derecha o de izquierda.
“Las dictaduras son todas malas… entrar en esa dinámica es un juego peligroso, es un juego que nos conduce a aceptar que en algunos casos una dictadura es tolerable, aceptable. Eso no es verdad, todas las dictaduras son inaceptables”, manifestó.
En cuanto al populismo, el intelectual lo veía como “un riesgo para la democracia desde dentro” y afirmaba también que el nacionalismo era “una enfermedad”. En sus obras y ensayos, así como en sus numerosas intervenciones públicas, Vargas Llosa argumentó a favor de las políticas de libre mercado como la mejor vía para el progreso en América Latina.









