Brian Fonseca: No creo que a largo plazo sea de interés estratégico para Estados Unidos sacar a Chevron de Venezuela

Brian Fonseca es un acólito de la preservación de la seguridad nacional y de los intereses estratégicos de su país, Estados Unidos, por encima de todo. Su acercamiento con el caso venezolano va más allá de lo meramente político, es el interés de un académico imbuido en la realidad internacional donde las políticas públicas y la diplomacia juegan un rol fundamental en el ejercicio del poder. Está convencido de que la política de máxima presión ejercida sobre Venezuela e impulsada por el secretario de Estado, Marco Rubio, no logrará el objetivo deseado y más bien le dará rienda suelta a China para seguir haciendo lo que quiera.

Director del Instituto Jack D. Gordon de Políticas Públicas y profesor de la Universidad de Florida, muy cercano a programas de opinión en la cadena televisiva FOX y un confeso republicano, Fonseca no se anda con rodeos durante la entrevista. Sus respuesta bien estructuradas, claras y directas dejan claro que hay legisladores republicanos muy influyentes que no quieren entablar un diálogo con Venezuela. Señala que están muy alineados con la oposición y la apoyan, y “buscan instrumentos punitivos en lugar de instrumentos diplomáticos que podrían apoyar algún tipo de cambio de política”.

Cree que es cortoplacista y antiestadounidesense seguir aplicando la misma lógica política con Venezuela, el país con las mayores reservas petroleras del mundo y con una ubicación geográfica privilegiada, en un momento en que los mayores retos de Estados Unidos son la creciente competencia global con China. Asegura que establecer un compromiso diplomático con Nicolás Maduro no es necesariamente complicidad, y si lo que preocupa es reconocerlo como presidente, “en la trastienda” ese reconocimiento puede importar menos que los intereses pragmáticos, los intereses reales.

-Al parecer Chevron seguirá operando en Venezuela hasta finales de mayo. Me gustaría saber su opinión sobre esta decisión. ¿Lo ve como algo positivo?

-Chevron es, en cierto modo, el último vestigio de la presencia estadounidense en Venezuela que podría suponer algún tipo de compromiso en el futuro y estamos retirando eso; así que no creo que sea algo positivo. Creo que es una señal más para países como China y Rusia. Hay una especie de enfoque estadounidense persistente de que esto va a aislar a Venezuela; yo lo que creo es que también les da oportunidades a estos países. 

Así que, desde luego, no creo que a largo plazo sea de interés estratégico para Estados Unidos sacar a Chevron de Venezuela. Una vez más, creo que tenía potencial. El otro argumento que justifica la decisión es que Chevron ya no contribuirá a la solvencia financiera del régimen. Esto puede ser cierto, pero mi impresión es que otros países, concretamente China y Rusia, ayudarán a llenar parte del vacío dejado por Chevron. Así que no estoy seguro de que vaya a tener el impacto que esperan los responsables políticos estadounidenses.

-La salida de Chevron tiene que ver con la aplicación de la política de máxima presión del secretario de Estado, Marco Rubio, y del enviado especial del Departamento de Estado de Estados Unidos para la región de América Latina, Mauricio Claver-Corone. ¿Cuál cree que es la lógica detrás de esto?

-Bueno, creo que es la preferencia de quienes dirigen la política exterior estadounidense, es decir, Marco Rubio, Mauricio Claver y, sin duda, otros responsables políticos estadounidenses, especialmente en el sur de Florida. Pero, de nuevo, se trata de un enfoque político, y el enfoque consiste en aislar completamente a Venezuela y, una vez más, ejercer presión internacional de forma de que se produzca una especie de movilización de países para presionar a Venezuela, redoblando medidas como las sanciones, por supuesto, y la introducción de aranceles secundarios.

Me refiero a que todos esos son instrumentos que Estados Unidos está tratando de aprovechar para ejercer la máxima presión con la esperanza de que derroque al régimen de Maduro; y si no, al menos obligarle a buscar una salida que pueda negociarse con la oposición. Creo que eso es lo que pretenden conseguir los responsables políticos que abogan por la máxima presión con la revocatoria de la licencia a Chevron para operar en el país.

-Richard Grenell visitó Venezuela y esa visita abrió un espacio para el diálogo. Ese diálogo llevaba muchos años roto, por lo que la visita fue importante. Sin embargo, no impidió que continuaran las sanciones económicas. ¿Cree que ese esfuerzo diplomático se perdió?

-Creo que el compromiso es un instrumento importante de la política exterior. El compromiso no es necesariamente una especie de complicidad. En otras palabras, el hecho de que nos comprometamos no significa que respaldemos o apoyemos al gobierno venezolano o al régimen venezolano. Simplemente significa que consideramos el compromiso como una herramienta diplomática con la que intentamos alcanzar nuestros intereses estratégicos a través del diálogo, en lugar del aislamiento, porque el aislamiento no ha funcionado.

Y, de nuevo, es un enfoque diferente que, en mi opinión, era la intención inicial de Grenell. Por cierto, creo que la Casa Blanca sigue creyendo firmemente en el compromiso como instrumento. Fíjese en lo que están haciendo en Irán. Acabo de publicar algo al respecto sobre esas negociaciones. Quiero decir, si podemos entablar un diálogo con Irán, ¿por qué no podemos hacerlo con Venezuela? Y gran parte de ello tiene que ver con la política interna de Estados Unidos.

Hay legisladores republicanos muy influyentes que no quieren entablar un diálogo con Venezuela. Están muy alineados con la oposición y la apoyan, y buscan instrumentos punitivos en lugar de instrumentos diplomáticos que podrían apoyar algún tipo de cambio de política. Así que creo que ese es el espíritu de ese tipo de enfoque político.

-En cualquier caso, ¿cree que la estrategia de Grenell hacia Venezuela puede coexistir con la de Rubio?

-No. Creo que sería muy difícil para nosotros tener una estrategia de compromiso y una estrategia de máxima presión, porque la máxima presión implica que no vas a comprometerte, no vas a mantener una conversación, no vas a introducir cambios graduales en el panorama político. Vas a ejercer toda la presión posible para conseguir el resultado deseado, que en este caso es que el régimen de Maduro deje de gobernar Venezuela.

Y, de hecho, solo para darte un ejemplo de cómo se desarrolló esto, tienes a Grenell en Venezuela entablando un diálogo mientras que, al mismo tiempo, el Departamento de Estado está confiscando, a través de la justicia, el avión de la vicepresidenta en República Dominicana. Eso envía dos mensajes muy diferentes. ¿Cómo se puede sacar algo de Maduro cuando se están enviando dos mensajes diferentes? Por lo tanto, creo que es muy difícil que coexistan de forma coherente.

Eso no significa que no se pueda alternar entre la máxima presión y el compromiso. Se puede utilizar la máxima presión para incentivar el compromiso, ¿verdad? Pero es difícil que avancen al mismo tiempo. Tendrían que secuenciarse de manera que el compromiso inspirara… Quiero decir que la máxima presión inspirara el compromiso y el compromiso inspirara algún tipo de cambio.

Probablemente será un cambio gradual, como un pequeño cambio, porque en esta etapa el gobierno de Maduro no solo está luchando por el poder. Está luchando por sobrevivir. No hay una salida real para el régimen. No tiene adónde ir y aquellos que forman parte de él probablemente serían perseguidos por la oposición si se produjera un cambio de gobierno. Así que creo que, de nuevo, se pueden complementar si se secuencian adecuadamente, pero que coexistan al mismo tiempo sería muy difícil, si no imposible, de lograr un resultado real.

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-Si tuviera que decidir cuál debería ser la estrategia de Estados Unidos hacia Venezuela, ¿cuál sería su recomendación?  

-Mi recomendación es una estrategia de compromiso, basada en primer lugar en aislar al resto del mundo de cualquier compromiso con Venezuela. Convertir a Estados Unidos en el único actor diplomático y económico sobre el terreno en Venezuela para adquirir influencia y poder utilizarla para configurar los resultados de las políticas en el futuro. Creo que la política de aislamiento, por ejemplo, en Cuba, fracasó tras 70 años. No funciona, especialmente si hay potencias mundiales dispuestas a ayudar a ese país a eludir el aislamiento de Estados Unidos.

En el caso de Cuba, el papel que desempeñó la Unión Soviética y el papel que desempeñó la Venezuela de Chávez ayudó a Cuba a superar partes realmente importantes de la política de aislamiento estadounidense y nunca se produjo el resultado final. Por eso me parece absurdo que sigamos aplicando la misma lógica política en Venezuela en un momento en que los mayores retos de Estados Unidos son la creciente competencia global con China y el impacto que China tiene en la seguridad futura de la nación estadounidense, y permitir que Venezuela opere en ese ámbito, dado que cuenta con tantos recursos y está tan cerca geográficamente de Estados Unidos.

Por cierto, sé que, durante el periodo de Chávez, Venezuela era una potencia activista en la región, ¿verdad? Los rusos y los iraníes utilizaron a Venezuela para involucrar a otras partes de América Latina, al igual que los soviéticos utilizaron a los cubanos. Y así estamos dejando esa vulnerabilidad ahí fuera, lo que creo que no beneficia a la política exterior ni a los intereses estratégicos de Estados Unidos.

-Ha causado sorpresa que políticas MAGA como Laura Loomer, con gran influencia en el presidente Donald Trump, se ha opuesto públicamente a la salida de Chevron de Venezuela en días reciente y ha entablado todo un debate en redes sociales con esto y básicamente su argumento es que no se puede permitir que China siga avanzando en el continente.

-Yo creo que la Casa Blanca es muy pragmática. Creo que el Departamento de Estado es menos pragmático y más ideológico. Esa es la diferencia. Quiero decir, fundamentalmente, tienes a Marco Rubio al frente del Departamento de Estado. Está abierto a dialogar con Irán, pero no con Venezuela. Esto tiene que ver con el arraigo que tiene en la importante comunidad venezolana, en la comunidad cubana, en los republicanos hispanos en Estados Unidos, que están influyendo en los diferentes enfoques que están siguiendo el Departamento de Estado y la Casa Blanca.

Por cierto, históricamente, el Departamento de Estado se ha centrado más en los derechos humanos y la democracia. La Casa Blanca, históricamente, ha estado más interesada en los rehenes, el petróleo y la inmigración, ¿verdad?  Y, por lo tanto, incluso entonces, creo que tanto el Departamento de Estado como la Casa Blanca, como instituciones aparentemente distintas, tienen intereses prioritarios muy diferentes en Venezuela.

El Departamento de Estado quiere ver el restablecimiento de la democracia, quiere que se respeten los derechos humanos, quiere que desaparezca la represión contra la oposición. La Casa Blanca quiere bajar los precios de la energía en Estados Unidos, detener la migración en la frontera y repatriar a los estadounidenses. Son dos agendas diferentes. Eso no significa que no puedan coexistir, pero por eso se ve la diferencia entre las preferencias de la Casa Blanca durante esta administración e incluso durante la anterior porque la administración de Joe Biden fue la que concedió la exención temporal GL-44.

Cuando derogaron la GL-44, siguieron expidiendo licencias específicas. Tenían un interés diferente en su Departamento de Estado. Su Departamento de Estado estaba empeñado en las elecciones, la restauración de la democracia y el respeto de los derechos humanos. Hoy la Casa Blanca y el Consejo de Seguridad Nacional se centran más en los intereses estratégicos, que son desplazar a China, lidiar con la inmigración y bajar los precios de la energía. Por eso tiene todo el sentido del mundo que sugiera que eliminar a Chevron no beneficia a los intereses de Estados Unidos.

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-¿Hay alguna forma de negociar con Maduro sin conceder el reconocimiento formal de su gobierno? ¿Y ese reconocimiento es importante para la política estadounidense?  Me gustaría saberlo.

-Es interesante la cuestión del reconocimiento. Creo que, en la trastienda, el reconocimiento puede importar menos que los intereses pragmáticos, los intereses reales. Pero en el ámbito internacional, cuando se habla de una comunidad de países globales, la forma de abordar a Venezuela es importante para los venezolanos y para los estadounidenses en un contexto global más amplio.

Sin embargo, ¿puede Estados Unidos negociar sin eso? Por supuesto que puede. La administración Biden se comprometió con Venezuela incluso cuando no había un reconocimiento claro de Maduro y todavía persistía el reconocimiento de Juan Guaidó como presidente interino. Los estadounidenses seguían dialogando, seguían llevando a Venezuela a los Acuerdos de Barbados y otros, ¿no?

Quiero decir, los venezolanos pueden poner eso como condición, pero no es una condición realmente seria que impida el diálogo. Creo que tendría que haber una evolución política para aceptar esas condiciones. Pero, si lo piensas bien, el hecho de que Estados Unidos concediera licencias para operar en Venezuela, dado que la autoridad en Venezuela era Maduro, era una forma de reconocimiento sin decirlo públicamente. Quiero decir que, si vas a sentar al gobierno venezolano a la mesa, es un reconocimiento de que es un actor legítimo y que tiene el monopolio de la fuerza en Venezuela.

-¿Qué interés tiene China en que no haya acuerdos entre Estados Unidos y Venezuela? 

-Creo que es interés de China y de Rusia. No quiero descartar a Rusia. Rusia es importante. Irán también es importante. Todas por diferentes razones. En el caso de China, esta nación obtiene petróleo barato de Venezuela. Quiero decir, si quieres hablar de economía pura China sigue cobrando la deuda. Hay que recordar que los venezolanos bajo Chávez pidieron prestados más de 50 mil millones de dólares. He visto cifras de hasta más de 60 mil millones de dólares de China. Venezuela sigue debiendo dinero a los chinos y los chinos obtienen subsidios petroleros como parte de esas provisiones. Por lo tanto, hay claros intereses económicos para China.

En segundo lugar, le da a China más puntos de acceso en América Latina y una proximidad geográfica a Estados Unidos, lo cual creo que es importante. Y, en tercer lugar, se convierte en una cuestión importante para los intereses de la política exterior estadounidense. Si Estados Unidos resolvieran sus problemas con Venezuela, eso sería un problema menos en la política exterior de Estados Unidos. De allí, que creo que a los chinos les encantaría que Estados Unidos siguiera enfrentándose a retos diplomáticos y de política exterior en nuestro propio hemisferio.

En el caso de Rusia, mi impresión es que es un gran exportador de petróleo. Produce alrededor de 10, casi 11.000 millones de barriles y casi 8 son para la exportación, Así que tienen un superávit de 8 mil millones de barriles. De ese excedente, se destina a los mercados de exportación. Por cada barril de petróleo que se queda en el suelo en Venezuela, es un barril de petróleo por el que los rusos pueden obtener un precio más alto porque hay menos oferta en el mercado. Así que creo que hay un elemento económico interesante ahí.

También está la relación militar que Rusia tiene con el ejército venezolano. Y luego, por supuesto, lo que caracteriza a los rusos es que les encanta fastidiar a Estados Unidos. Por lo tanto, mantener a Estados Unidos frustrado en Venezuela sería, de hecho, mi mayor temor con respecto a los rusos. Así que, ya sabes, Rusia tiene intereses. Luegonestá Irán que ha estado vendiendo drones y otro equipo militar a Venezuela. Irán lleva mucho tiempo utilizando a Venezuela como punto de acceso al hemisferio occidental, y reconstruir las relaciones con países como Bolivia y Ecuador, entre otros. Así que creo que esos tres países, que son claros rivales de Estados Unidos, si no adversarios, se benefician del fracaso de la política estadounidense hacia Venezuela.

-¿Qué tan grande es la influencia de China en América Latina en este momento?

-La influencia de China en este momento es enorme. China es el mayor socio comercial de varios países de América Latina, incluidos Chile, Argentina y Brasil. Por lo tanto, China tiene una enorme huella económica en la región. En la audiencia en Washington con el Departamento de Seguridad Nacional sobre la relación entre China y Cuba, los expertos afirmaron que China estaba utilizando a Cuba para espiar a Estados Unidos.

China también ha establecido importantes programas espaciales en lugares como Chile y Argentina que contribuyen al avance de la guerra multiprecisión. Así, desde principios de la década de 2000, China ha crecido exponencialmente en América. Pienso que esto se convierte en una cuestión importante para Estados Unidos en lo que respecta a desplazar a China en el hemisferio occidental y socavar los regímenes democráticos.

Entra en la región con inversiones masivas en proyectos de infraestructura. Coopera y corrompe a países de América. Incumple la política laboral y la política medioambiental. Es uno de los mayores culpables de la pesca ilegal en América Latina. Si nos fijamos en la pesca ilegal frente a las costas de Ecuador, Perú y Argentina, son principalmente buques chinos los que operan en esas zonas. China tiene una presencia realmente significativa en América Latina, que es importante en los ámbitos económico, de seguridad y político.

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