José González: Nadie termina de dar con la clave de cómo generar confianza entre Caracas y Washington

Tener la capacidad para observar los cambios en las sociedades y analizar los comportamientos en las tomas de decisiones de los líderes le ha brindado al analista financiero peruano-venezolano, José González, una habilidad adicional para entender a los mercados internacionales. Su mirada hacia el futuro pareciera ser un oráculo que se adelanta con cuidado, advirtiendo que ese lenguaje que incluye la frase “reordenamiento económico mundial” podría ser una trampa y significar un torpe regreso a fórmulas erradas ya experimentadas en el pasado     

Sostiene que la gestión de Donald Trump podría entrar en un sendero complicado y dejarle el espacio abierto a China, en un momento en que el consumo en Estados Unidos podría verse afectado debido a una economía dirigida hacia una estanflación. En su opinión, en el mediano plazo Occidente necesitará más que nunca a Venezuela y su petróleo, nación que según vaticina podría llegar a producir hasta 6 millones de barriles diarios en 20 años si Caracas y Washington lograran un entendimiento.

–El secretario del Tesoro, el multimillonario Scott Bessent, ha hablado de un reordenamiento económico mundial, ¿cuál cree usted que es el alcance de esto?

-Esa visión de reordenar un orden se crea después del año 1942 y se consolida con la creación de la Unión Europea, que se plantea después de la segunda guerra mundial con el comercio. Las dos guerras de la primera mitad del siglo XX se dieron por la falta de relación entre las naciones y la mejor forma de lograr estas relaciones fue a través del comercio internacional. Por eso se crean acuerdos como el del acero de Bavaria en Alemania y se pasa de la libra esterlina al dólar estadounidense.

A partir de allí, se determina que el sistema estadounidense empiece a evolucionar de un sistema de producción industrial a un sistema de servicios y de consumo basado en el dólar. Surgen entonces las ruedas del GATT, los acuerdos generales de tarifas y comercio global, se consolida la reunión mundial de comercio y el modelo americano cambia porque los americanos buscaban el crecimiento y el bienestar a través del consumo y genera el boom económico más grande en la historia de la humanidad.

En los últimos 50 años un sector de la población americana, particularmente hombres blancos sin educación superior entre 17-24 años y entre 40-60 años, quedan al margen de este proceso. Los sectores liberales se vuelven cada vez más sofisticados y más elitistas y se separan de esa base que se siente desplazada por el feminismo, por el LGBTQ, se quedan sin trabajo, sin movilidad y esas personas son -en gran parte- la base del electorado de Donald Trump.

Ahora bien, ¿qué pretende Trump con su voluntarismo ideológico? ¿Acaso pretender conducir al sistema estadounidense a una era pre-comercio global? Eso es imposible de llevar a cabo. Por ejemplo, 80% de las piezas de los iPhones se hacen en China. ¿Cuántos proveedores de software tienen un automóvil norteamericano? Hoy día Ford y General Motors tienen 150 diferentes y todos ellos cruzan la frontera al menos seis veces antes de que el carro sea ensamblado y vendido.

Ese bienestar americano de consumir vía Amazon o Walmart viene de un sistema que depende de una economía global, que tiene ventajas competitivas y mano de obra barata. Pretender cambiar eso por un sistema tarifario es imposible. Estados Unidos ya lo intentó dos veces en el pasado. Lo hizo en el siglo XIX y generó entre otras cosas una larga recesión, y en el siglo XX condujo a la gran depresión del año 1932 previo al crash del 29. Hay una gran incertidumbre en virtud de tratar de imponer un modelo que tiene más de ideas y de voluntarismo que de realidad y no va a funcionar.  

-La prensa internacional destaca que BlackRock y Goldman Sachs advierten sobre el impacto en los mercados y llama además la atención que Apple enfrentó su peor desplome en la bolsa desde 2001. Basándonos en esos dos hechos le pregunto: ¿Podría perderse la confianza en la economía estadounidense? 

-El sistema americano ya había entrado en un proceso entrópico y las entropías demandan modificaciones. Muchas de las instituciones se crearon luego del crash de 1929, como la Reserva Federal que se consolida a partir del 1932, el FBI, el IRS. Otras instituciones se crearon durante la guerra fría, particularmente durante la administración Kennedy; así como USAID.

Todo lo que está desmantelando la administración Trump son propuestas que se hacen entre la primera mitad del siglo pasado y el principio de la segunda mitad que requerían de reformas estructurales importantes y que presidentes democráticos como Bill Clinton y Barack Obama no hicieron. Ellos mantuvieron el statu quo. Lo que vemos ahora es una revolución y ninguna revolución es pacífica ni constructiva. El progreso es tumultuoso y complicado.

El presidente Andrew Jackson tuvo una situación similar a principios del siglo XIX con la guerra civil norteamericana y lo que hizo fue consolidar la idea de nación. Ahora lo que sí sucede es que, en este mundo globalizado, China crece y crece y se acerca lenta pero firmemente a disputar la hegemonía global a Estados Unidos.

Por eso firmas como BlackRock, Goldman Sachs, JP Morgan ya hablan de estanflación. Vamos a enfrentar una desaceleración económica con un retorno inflacionario. Hay que recordar que la economía norteamericana depende en 70% del crecimiento del consumo. Entonces, imponer tarifas del 10% al 64% atenta contra ese consumo. Lo que más temen los mercados no son los aranceles de Trump, sino que esos otros países contesten y China -que tiene objetivos geopolíticos, geoeconómicos y estratégicos- no va a aceptar la imposición de Estados Unidos y va a pelear y Europa también. El problema es que en esa pelea nos vamos a ver afectados todos.

¿Cuánto de lo que compramos en Amazon tiene de chino, de Vietnam, de Turquía? El 90% de la ropa que se compra en Estados Unidos se produce fuera del país. Es un absurdo ponerles aranceles a los zapatos Nike porque la mitad se produce en Vietnam. No son zapatos vietnamitas son zapatos americanos manufacturados en Vietnam que, además, generan ingresos a la marca porque se venden globalmente.

En Estados Unidos todo ese aparato se está cuestionando por Trump y el mundo -que ya había entrado a una multipolaridad- va a consolidar esa multipolaridad. No es que Estados Unidos vaya a desaparecer, pero entramos francamente a nuevas realidades. Esa confusión es la que estamos viendo en los mercados financieros porque no nos queda claro cómo, cuándo y de qué manera llegamos a esa nueva realidad.

-Estados Unidos es el mayor comprador, pero también es el mayor deudor del mundo. ¿Es esto una ventaja para arrodillar a sus socios comerciales y, al final, obligarlos a aceptar sus términos?  

-Estados Unidos castiga por el uso del sistema del dólar y como el dólar representa 88% de las transacciones comerciales a nivel global y el 60% de las reservas internas, le da mucho poder. Ese dominio del dólar, que es por uso y costumbre, puede trastocarse, puede transformarse, puede cambiar. Y, de hecho, ya empezó a cambiar. No vamos a pasar del dólar al Bitcoin como pensábamos hace unos años, sino del dólar a las nuevas monedas digitales. El Bitcoin es el principio de un cambio y esa transición ya empezó. 

El problema es que Trump está utilizando los aranceles no como se deberían usarse. Los usa como un método de extorsión, que no va a funcionar. Es imposible creer que se van a manufacturar iPhones en Estados Unidos, no solo por el costo de capital de mover las plantas de la China a Estados Unidos, sino por la imposibilidad de entrenar a una fuerza de trabajo sin trabajadores inmigrantes. Se están deportando trabajadores que son precisamente los que harían esos trabajos. Reemplazar el capital humano va a tomar años y el costo sería prohibitivo. Si un iPhone 16 cuesta 1.700 dólares manufacturado en China, ¿cuánto costaría manufacturado en los Estados Unidos? Y, ¿quién lo puede comprar?  

-El precio del petróleo ha venido cayendo; tal y como prometió Trump, pero esto ha sido gracias a la ayuda de Arabia Saudita que domina la OPEP+. ¿Cómo interpreta esto? ¿Habrá algo a cambio?  ¿Qué cree que hay detrás? 

-Cuando caen los mercados el petróleo entra es una corrección sincronizada. Caen las acciones, cae el cobre, cae el oro (que había subido como el mejor activo de refugio), cae el petróleo. Lo único que sube son los bonos americanos porque, en una situación de emergencia como esta, ya ni siquiera se quiere tener oro porque se tiene que acumular y después se tiene que tratar de vender, pero no se sabe qué va a pasar con el precio. La gente quiere dólares en una cuenta líquida por si hay una emergencia.

El tema con la estanflación es que si el sistema entra en recesión, el mercado del petróleo equilibra las ofertas y demandas. La transición energética es inevitable más allá de lo que la administración Trump quiera o piense o vaya a hacer y, eventualmente, vamos a consumir menos petróleo.

Sin embargo, antes de que eso suceda la demanda subirá y las necesidades fiscales de Arabia Saudita siempre se calculan precio versus volumen y los demandantes de petróleo hoy en día son las economías emergentes que sumadas resultan más grandes que Estados Unidos. Eso es lo que va a empezar a variar. La interconexión de mercados en la multipolaridad se va a ir dando.

Arabia Saudita lo que ha hecho es un cálculo de que los precios podrían seguir bajando y así, pues, es mejor soltar inventarios hasta que llegue a un precio de equilibrio. En términos netos esto le otorga a Arabia Saudita y a los productores de petróleo la caja que necesitan para satisfacer sus necesidades fiscales y sus compromisos de inversión. Y la estrategia de Trump está bajando el costo de la energía, pero está destruyendo a la economía, lo cual no tiene ningún sentido. Lo mejor hubiera sido propiciar la producción global de petróleo, negociar cuotas, llegar a acuerdos de continuar con la normalización con Venezuela en condiciones que sean aceptables para ambas partes y eso iba a ayudar a que los precios se mantuvieran a niveles de equilibrio razonable.

-Venezuela se enmarca en esta situación en un ambiente de máxima presión por parte de Estados Unidos, con revocatoria de licencias. Sin embargo, Venezuela es una economía petrolera. ¿Tiene alguna idea de lo que podría pasar entre Estados Unidos y Venezuela en el mediano plazo?

-Las medidas y las sanciones de la primera administración Trump tuvieron que ver con una suerte de teoría del caos, de accidentes, de malas decisiones basadas en funcionarios que tenían una percepción de Venezuela y una lectura del país más o menos equivocada. Las decisiones de John Bolton y Elliott Abram -vistas a la distancia- se enfocaron en creer que el régimen podía caer, que se podía generar un cambio en una circunstancia relativamente rápida y esto generó sanciones inusitadas, es decir, Estados Unidos nunca había aplicado sanciones como se le aplicaron a Venezuela. 

La administración Biden reconoció que esa aproximación no iba a funcionar, que debía ser modificada y que era mejor establecer una relación y comunicación con Caracas e incentivar los cambios en lugar de forzar un cambio de régimen. Eso lo señaló Juan González en una entrevista reciente. Había una decisión multiagencia en Estados Unidos y la voz en esa discusión del Departamento de Energía siempre fue muy importante.

El mundo va a consumir más petróleo antes de consumir menos petróleo. Ya consumimos 102 millones de barriles diarios más menos. Según las proyecciones de Goldman Sachs, vamos a llegar a consumir entre 110 y 130 millones de barriles diarios de aquí al año 2050, cuando la demanda de petróleo empezará a caer.

Ahora bien, el mayor productor de petróleo del mundo es Estados Unidos, con 13 millones de barriles diarios. Los geólogos en Estados Unidos dicen que en 10 años se van a dejar de producir al menos 6 millones de barriles diarios debido a la sobreexplotación. Rusia podría volver al mercado, aunque es difícil de creer con la actitud de la Unión Europea de cara a Ucrania. Arabia Saudita produce 9 millones de barriles diarios y con los aumentos puede llegar a manufacturar 11 millones de barriles diarios, pero no más de eso. Irán produce 3 millones de barriles diarios, pero está fuera de mercado.

Entonces, ¿cuál es la reserva de petróleo estratégica para Occidente? La respuesta es: Venezuela, que ya está produciendo un millón de barriles diarios por el retorno de Chevron, que ha sido el motor de esta recuperación de 330 mil barriles diarios. Pero Venezuela puede producir 3 millones de barriles en menos de 10 años. Venezuela tiene la capacidad geológica de producir 6 millones de barriles en menos de 20 años y esa producción es vital para Occidente. Es un tema de capital y a Chevron le sobra capital.

Si uno asume que vaca muerta solo puede producir 2 millones 400 mil barriles diarios en el mejor de los casos, y el petróleo de esquisto es caro y está en el sur de Argentina en medio de la nada. Guyana solo va a producir 1 millón de barriles o máximo 2. Muy bien por Guyana que crece más que nadie en el mundo, pero no es una producción que vaya a suplir ese déficit de petróleo que vamos a tener en Occidente en las próximas décadas. 

Toda esta discusión siempre va a estar alrededor de cómo se logra que esa producción se materialice y que el que gobierne en Caracas sea confiable, gobierne quien gobierne. Estamos hablando de mediano plazo, es decir, de aquí a 5, 10, 20 años dentro de los 40 años más que se necesitará ese petróleo. La de Trump es una administración que quiere hacer lo mismo que las administraciones anteriores, pero de una manera más silvestre. Entonces, Venezuela va a seguir siendo importante. El problema es que nadie termina de dar con la clave de cómo generar confianza entre Caracas y Washington. 

Madrid no se quiere ir de Venezuela, Roma tampoco, es decir, en virtud del plazo para levantar la licencia del 27 de mayo ya hay una manifestación expresa de España e Italia de negociar su permanencia en Venezuela. Es difícil creer que Chevron, que ha estado en Venezuela por 100 años continuos, se va a ir. La producción venezolana para esa empresa representa el 8% de la producción total de Chevron en el mundo y esperaba hacer crecer esa producción en 40% este año. Venezuela para Chevron es vital en términos de sus resultados corporativos. La licencia (wind down) que tenía 30 días ahora es de 60 días más. Queda claro que hay una negociación en marcha.

-Hay quienes piensan que está guerra económica basada en imposición de aranceles es solo una estrategia de Trump para presionar al máximo y luego sentarse a pactar con los países aranceles menores. Al final se mostraría como un gran negociador, ¿cree que esto podría ser así? 

-Trump es transaccional no es transnacional. No tiene paciencia para las políticas públicas. El informe de inteligencia diario que le leían a todos los presidentes a las 7 de la mañana, pues no lo escucha, ni lo lee, ni le interesa. Hay un autor que describe muy bien la mentalidad del presidente Trump y dice que lo único que le interesa es el dinero, pero que su aspiración es la inteligencia, esa inteligencia estructural, académica, abstracta de los intelectuales. Sin embargo, no tiene acceso por esas cosas que tienen los talentos humanos, o sea, ese tipo de inteligencia. Él es astuto, es audaz y es rudo. Eso no es inusual en el mercado de real estate en la isla de Manhattan, que es de donde viene él. Es más, la fortuna del padre se origina en Queens, donde el mercado es mucho más rudo.

Trump negocia como Mike Tyson, quien decía que todo el mundo tiene un plan hasta que le cae el primer coñazo. Trump negocia desde una posición de fuerza, desde una posición de shock, que es muy usual en la isla de Manhattan. Lo que Trump no entiende es que los chinos pueden ser muy negociantes, pero no todo es un negocio para ellos porque China tiene una posición global, es decir, no se va a dejar pisar los cayos por los norteamericanos. Va a haber una reacción del presidente Xi Jinping.

El secretario del Tesoro dice que ya están empezando negociaciones con 50 países ¿Les creemos? ¿Dónde están las pruebas de esas 50 negociaciones?  ¿Son llamadas? ¿Son contactos? ¿Qué significa una negociación? El punto es que lo que le queda claro al mercado es que el presidente Trump es muy ideológico en relación con los aranceles. Lo que ha hecho es patear el tablero del sistema internacional de reglas y del comercio internacional, pero va a tener que recoger las cartas del piso. ¿Cómo se reconstituye un equilibrio que es tan delicados?… Lo que está haciendo es muy audaz, pero muy riesgoso y en esos casos las posibilidades de fracaso son mucho más altas que las posibilidades de éxito.

-¿Quiénes serán los ganadores y quiénes serán los perdedores en esta batalla comercial?

-China está gobernada por el partido comunista, no es una sociedad democrática. La democracia es desordenada, es medio caótica. Cuando los chinos construyen un hospital en menos de una semana y lo equipan completo, demuestran que ese es el poder del sistema chino. Siendo capitalista en lo económico es comunista en lo político y en lo social. China puede resistir esta guerra tan fuerte mejor que Estados Unidos.

China acaba de inaugurar el puerto de Chactay en el Perú, que es una de las inversiones más importantes de China fuera del continente. Por allí debería circular 50% del comercio entre ese país y América Latina. Lo que los peruanos interpretábamos como una infraestructura para exportar ahora se convierte en un embudo para exportar, es decir, podemos terminar invadidos por productos chinos que pueden afectar industrias peruanas.

Por otro lado, los europeos pueden empezar a comprar bienes chinos más que los americanos. Si bien Estados Unidos sigue siendo el pedazo más grande de la torta, cuando se suman las otras partes no es indispensable. Lo que pasa es que los americanos consumen más per cápita que nadie en el mundo y, en el corto plazo, no se puede prescindir de ese mercado y habría que ver quién está dispuesto a pagar 10% más.  

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