Desde febrero de este año, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha intensificado su política arancelaria y este viernes 1 de agosto, marca un punto de inflexión, según expertos. Ese día entran en vigor los nuevos aranceles y si bien el mandatario celebró hoy su estrategia en la red Truth Social, ya que hará a Estados Unidos «grande y rico de nuevo», no todos los países afectados por la medida se encuentran complacidos.
Luis Angarita, decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Central de Venezuela (UCV), asegura que la política arancelaria de Trump “no es un proyecto aislacionista, sino una estrategia para ratificar la posición de Estados Unidos en el escenario global”. Y advierte que “el proteccionismo no es la vía para que un país se enriquezca en el siglo XXI, en un contexto de digitalización y robotización”.
El analista recalca que Trump lo que ha hecho «es reivindicar el papel de Estados Unidos como hegemón del mundo» y que los aranceles se han convertido en una herramienta para presionar a otros países a aceptar acuerdos que, aunque perjudiciales, son preferibles a no tener ninguno, como ocurrió con la Unión Europea, que aceptó 15% de aranceles para evitar 30%.
Destaca que Trump utiliza los aranceles como un «chantaje político», aplicándolo a temas como la migración con México o a conflictos ideológicos como en el caso de Brasil. De hecho, mientras México obtuvo una prórroga de 90 días justamente hoy, Brasil y Canadá enfrentan nuevos gravámenes.
Sobre los beneficiarios de esta política, Angarita precisò que, si bien puede favorecer a sectores de la «oligarquía de los ricos norteamericanos», muchos consumidores en todo el mundo, incluyendo a los estadounidenses, se ven perjudicados por el aumento de los costos de los productos.
En cuanto a la continuidad de los aranceles, considera que no deberían mantenerse a largo plazo, aunque reconoce la incertidumbre del momento actual. En este panorama, asegura Venezuela queda «aislada», con una «muy poca relevancia en el mercado mundial».
Prórrogas, fricciones y represalias
En su segundo mandato, Trump ha adoptado un enfoque diferenciado con sus principales socios comerciales. Con México, el presidente anunció una nueva prórroga de 90 días en la aplicación de aranceles, tras una conversación telefónica con la presidenta Claudia Sheinbaum. El acuerdo mantiene un arancel del 25% al fentanilo y a los automóviles, y del 50% al acero, el aluminio y el cobre, lo que evita por el momento la imposición de nuevos gravámenes.
En contraste, la relación con Canadá, el segundo socio comercial más importante de Estados Unidos, ha escalado en tensión. Un día antes del plazo, Trump amenazó con imponer un arancel del 35% a los productos canadienses que no estén cubiertos por el T-MEC. Justificó esta medida con una declaración en Truth Social, en la que señaló que sería «muy difícil» llegar a un acuerdo con Canadá después de que el país expresara su apoyo a la creación de un Estado palestino, lo que introduce un elemento político en la negociación.
Con Brasil, el «castigo comercial» es explícito. Trump firmó una orden ejecutiva para elevar el arancel a las importaciones hasta el 50%. El comunicado de la Casa Blanca señala que la razón de estos gravámenes es «abordar las políticas, prácticas y acciones recientes del gobierno de Brasil que constituyen una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional, la política exterior y la economía de Estados Unidos».
En el texto también se acusa al gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva de persecución contra el expresidente Jair Bolsonaro, un aliado de Trump, y de socavar el Estado de Derecho, la libertad de expresión y los derechos humanos. La orden también impone sanciones al juez del Tribunal Supremo brasileño Alexandre de Moraes por presunto abuso de autoridad.
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Acuerdos, impugnaciones y reacciones
La administración Trump ha anunciado varios acuerdos comerciales, aunque el número es inferior al de las «decenas» que se esperaban. Estos son algunos de los acuerdos alcanzados y sus condiciones:
- Reino Unido: aranceles del 10%.
- Unión Europea, Japón y Corea del Sur: aranceles del 15% para sus productos.
- Filipinas e Indonesia: aranceles del 19%.
- Vietnam: aranceles del 20%.
- China: un acuerdo temporal con aranceles del 30% hasta el 12 de agosto.
También se han anunciado acuerdos con Pakistán, Tailandia y Camboya, aunque los detalles son limitados. Aún hay negociaciones en curso con países como la India, Taiwán y Malasia, sin la garantía de que se concreten antes del plazo.
A nivel interno, la política arancelaria de Trump enfrenta desafíos. La Constitución de Estados Unidos otorga al Congreso la facultad de imponer aranceles. Sin embargo, el presidente ha utilizado la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) de 1977 para eludir al Congreso e imponer gravámenes.
Esta acción ha resultado en al menos siete demandas de estados y empresas que lo acusan de extralimitarse en su autoridad. En mayo, un panel de jueces del Tribunal de Comercio Internacional de Estados Unidos falló en contra del mandatario, y el caso se ha elevado a un tribunal de apelaciones. Se espera que el caso llegue a la Corte Suprema.
Las industrias estadounidenses han manifestado reacciones diversas. Aunque algunas se benefician de la protección frente a la competencia extranjera, los sectores manufacturero y de construcción han visto un aumento en los costos de materias primas como el acero, el aluminio y el cobre. Según el Laboratorio de Presupuesto de la Universidad de Yale, el arancel promedio en el país ha subido a más del 18%, su nivel más alto desde 1934, lo que indica que los costos de los aranceles están siendo asumidos por los consumidores.









