Mario Vargas Llosa no solo dejó un legado literario marcado principalmente por sus novelas, aunque también destacan sus ensayos, cuentos y obras de teatro, sino también por ser un promotor del pensamiento liberal que lo llevó a incursionar en la política como candidato presidencial en Perú, su país de nacimiento.
En los últimos 25 años, sus artículos periodísticos estuvieron marcados en buena parte por defender esa postura liberal y su presencia en Venezuela varias veces fue posible gracias a la Centro de Divulgación del Conocimiento Económico (Cedice), que más reciente responde sencillamente al nombre de Cedice Libertad.
Rocío Guijarro, gerente general de Cedice Libertad, es quizás la persona que más conoció a Vargas Llosa, principalmente por ese lado que marcó parte de su vida como fue su pensamiento liberal que comenzó a desarrollar en los años 70.
-¿Cómo un escritor como Mario Vargas Llosa, que formó parte de lo que se llamó el boom de la literatura latinoamericana, muy marcado por la izquierda en los años 60, terminó convirtiéndose en un defensor de lo que son las ideas liberales? ¿Cómo se dio esa metamorfosis?
-Ese viaje de Mario hacia el liberalismo fue un proceso gradual, no fue de inmediato. La mayoría de los grandes escritores latinoamericanos eran de izquierda, muy amantes de la revolución cubana y todos amaban a Fidel Castro, lo veían como aquella figura reivindicativa. En su juventud, Mario fue un ferviente simpatizante de eso, creyendo que el socialismo era el camino hacia la justicia, el bienestar, el progreso. Sin embargo, su ruptura con el marxismo y la izquierda radical se produjo precisamente a raíz de su desencanto con esa deriva totalitaria que fue teniendo la revolución cubana.
Cuando él ganó el premio Rómulo Gallegos en Venezuela con su novela “La casa verde” en 1967, que fue su primer premio internacional, se fue a Cuba a entregar el metálico del premio a la Revolución y cuando llegó vio que su gran amigo, el poeta Alberto Padilla, estaba censurado, detenido, forzado a retractarse públicamente y eso fue para Mario fue un punto de inflexión en su pensamiento.
Allí es cuando él rompe con la revolución cubana, la izquierda y empieza como brillante escritor a estudiar a los pensadores liberales, comenzando por Friedrich Hayek, Karl Popper y Raymond Aron. Los empezó a estudiar y tanto influyeron en él que hace pocos años escribió el libro “La llamada de la tribu”, en el que narra cómo todos estos pensadores impactaron su postura al liberalismo.
Es un libro muy bello, donde él cuenta cómo fue ese rompimiento con las ideas radicales y cómo se acercó a las ideas liberales. A partir de allí fue un defensor insigne del liberalismo como lo vivimos y lo vimos en acción en todos los espacios y auditorios donde se presentaba. Tanto así, que hasta fue candidato presidencial en Perú, con un programa de gobierno inspirado en el liberalismo económico, político y social.
-Vargas Llosa fue candidato presidencial en 1990. Veníamos de los 80, con todas las ideas de globalización y libre mercado promovidas en las gestiones de gobierno por Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en Gran Bretaña. ¿Vargas Llosa admiró a Reagan y a la Thatcher como figuras políticas?
-Totalmente porque representaban el liberalismo en su acción, por todos los cambios que se realizaron en ese momento tanto en Estados Unidos como en Gran Bretaña, y luego él se inspiró en su campaña presidencial en Perú en muchos de los principios que se habían puesto en práctica, porque además la Thatcher fue asesorada por Friedrich Hayek, quien estaba en el London School of Economics, y también era miembro del el Institute of Economic Affairs de Londres, que era un thint tank (centro de pensamiento) en Inglaterra.
Muchos de los pensadores liberales fueron asesores de la Thatcher y para Mario ella era una figura importante en este mundo del liberalismo porque que lograron unos cambios profundos. Su programa de gobierno fue totalmente de libre mercado, libertad económica y con políticas públicas inspiradas en el liberalismo para que pudieran solucionar los problemas que tenía el Perú en ese momento, que era una época muy turbulenta, venía de dictaduras y su candidatura surge a raíz de una propuesta para enfrentar el plan del presidente Alan García de estatizar la banca en Perú. Mario salió como líder a oponerse a esa medida junto con Hernando de Soto. Esas protestas fueron célebres en Lima y Mario surgió en ese momento como la figura estelar para la candidatura.
-Toda esa experiencia quedó narrada en su libro “El pez en el agua”, que relata lo que fue ese momento y la campaña electoral de unos comicios que terminó ganando Alberto Fujimori
-Sí. Es maravillosa la forma como narra todo ese proceso, pero el Perú prefirió elegir a Fujimori, y creo que ganamos los amantes de su literatura, porque a partir de ahí se dedicó a seguir escribiendo, a profundizar, participar en espacios donde se pudieran debatir las ideas del liberalismo y hasta que ganó el premio Nobel de Literatura en 2010 y todos los premios que recibió por toda su trayectoria.

-Dentro de ese pensamiento liberal, hay un artículo que publicó en el periódico El País de España en el que criticó al expresidente del gobierno español, José María Aznar, y al Partido Popular por no apoyar el matrimonio igualitario para personas del mismo sexo. ¿Eso quiere decir que Vargas Llosa no circunscribía su pensamiento liberal solamente a unas ideas netamente económicas?
-Totalmente. Mario era más libertario que liberal y para él la libertad era total, no era prohibirle nada al individuo, sino que el individuo se hiciera responsable de su vida y de las acciones que realizara en una sociedad. Por eso él no se oponía a nada de estas cosas, ni al matrimonio igualitario y le llamó la atención al PP por ese sentido del conservadurismo.
Mario no era conservador y para él la libertad no es solo una cuestión económica y política, sino también cultural y moral, pues él creía en una sociedad abierta al pluralismo, la tolerancia, el respeto a la crítica y además era contundente cada vez que opinaba. Él siempre sentía que su opinión era la de él y no era relevante si la gente la compartía o no, pues él rechazaba el colectivismo, el nacionalismo excluyente y el populismo autoritario porque los veía como amenazas a la libertad y a la prosperidad.
Él defendió el liberalismo, el florecimiento humano y de la gente, y sostuvo que la idea liberal es no forzar la realidad. Se oponía a esas visiones utópicas que buscan cambiar la sociedad de manera radical y totalitaria porque la sociedad está compuesta por seres humanos y es la acción humana la que tiene que marcar las líneas de acción del individuo. Era un crítico a todo tipo de cosas que derivan en represión o la negación de la libertad. Fue un defensor a ultranza del libre mercado y la propiedad privada.
– ¿Ese pensamiento liberal lo llevó a crear una fundación?
-Exactamente. Es la Fundación Internacional para la Libertad que fundamos. Tengo el privilegio de ser miembro fundador también desde hace más de 20 años. Mario la presidía y sigue siendo nuestro presidente emérito. Esa fundación se ha encargado de divulgar, promover, educar, formar en toda la línea de pensamiento que dejó sembrada.
La conforman un grupo de gente interesante y tiene varias áreas, incluida una de política en la que participan varios expresidentes de América Latina. Hay un área también de esta fundación conformada por empresarios de toda América Latina que apoyan esas ideas que como digo no son solo económicas sino políticas. Siempre fue un crítico férreo de las dictaduras y los totalitarismos.
Vale decir que siempre insistió que no había dictaduras buenas ni malas, sobre todo cuando se hacían distinciones y se trataba de elogiar a la de Augusto Pinochet en Chile, quien tuvo tendencias liberales en lo económico. Él fue un crítico enorme de todas las dictaduras, no importaba cuál fuera y defendía la democracia liberal como el mejor sistema que garantiza los derechos humanos, la diversidad política, la libertad de expresión, la alternancia en el poder, que era también una de las cosas que él defendía y criticaba cuando no era así. Mario representaba un eje de su pensamiento y yo creo que fue un hombre que dejó un legado tan grande que todos debemos aprovecharlo.
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-¿Le escuchó en algún momento hablar sobre su visión de Donald Trump? ¿Cuál era su punto de vista, sobre todo cuando uno ve a un Donald imponiendo medidas arancelarias apoyadas por el Partido Republicano que hace 40 años lideró con Ronald Reagan con toda una propuesta de libre comercio?
-Totalmente en contra. Incluso, fue un crítico en el primer gobierno de Trump. En este momento, cuando llega Trump de nuevo, Mario ya estaba un poco retirado; sin embargo, era opuesto a esa política de intervención estatal. Los liberales creemos en aranceles cero, no importa de dónde venga, con tal que el producto sea bueno y barato y se tenga el poder en el bolsillo para adquirirlo.
– ¿La fundación se encargará de difundir su pensamiento liberal?
-Sí. La fundación lo hará a través de la cátedra Vargas Llosa, que es uno de los programas de la fundación, la cual va a rescatar, promover, educar y formar todos los ámbitos del pensamiento e ideas de Mario Vargas Llosa. No puedo dejar de mencionar que asociado a Vargas Llosa, y tiene que ver con Venezuela, está el legado que dejó Carlos Rangel con quien tuvo una tremenda relación junto a Sofía Imber.
En Cedice nos hemos ocupado de promover y diseminar el pensamiento liberal tanto de Mario como de Carlos Rangel. Quería comentar también que un amigo y aliado de Mario, Pedro Cateriano, publicó un libro que se llama “Vargas Llosa, su otra gran pasión” en referencia a la política, en el que se recoge toda su posición sobre ámbitos políticos donde estuvo involucrado. Incluso, en el libro aparecen las cosas que pasaron en Venezuela, el debate al cual Hugo Chávez lo retó. Mario amaba Venezuela y siempre su relación con el país fue muy importante.
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