La posible reanudación de las operaciones de Chevron en Venezuela, después de dos meses de paralización, vuelve a poner la atención del mundo sobre el país y, con ello, nuevamente cambian las proyecciones para la industria petrolera. No solo se prevé un incremento en la producción de crudo; sino que también esto implicaría una nueva dinámica en cuanto a la forma de pago y la obtención de divisas por parte del gobierno de Nicolás Maduro.
Luis Vicente León, presidente de Datanálisis; Francisco Monaldi, director del Programa Latinoamericano de Energía del Instituto Baker de Políticas Públicas en la Universidad de Rice en Estados Unidos; Elías Ferrer, fundador de Orinoco Research; y Jeremy Martin, vicepresidente de Energía y Sostenibilidad del Institute of the Americas, analizan lo que significaría esta apertura, de concretarse, en la política de “máxima presión” de Donald Trump contra Venezuela.
«La reactivación de la producción y exportación de petróleo por parte de Chevron hacia Estados Unidos, destinada al pago de su deuda, incluso bajo nuevas restricciones, representa una buena noticia. Permite reactivar una parte de la producción privada que, sin duda, genera un efecto multiplicador en todos los clústeres asociados a la actividad petrolera: proveedores, servicios, soporte técnico, entre otros», dijo León.
Monaldi aseguró, por su parte, que de concretarse la reactivación de las opciones de Chevron en Venezuela, la producción petrolera pudiera incrementarse para finales de 2025.
«La producción de Chevron, que estaba en 250.000 barriles (antes de paralizar sus operaciones en mayo de este año), podemos estimar que se mantendrá o incluso, si la licencia los autorizara a invertir, pudieran incrementar la producción como estaba previsto y terminar este año en unos 260.000 barriles diarios, por ejemplo», sostuvo.
Explicó que, en vista de la suspensión de las licencias generales, estimaba que en los próximos seis meses la producción petrolera venezolana podía declinar hasta en 100.000 barriles diarios. «Ahora, en una primera aproximación, es la estabilidad en la producción», dijo Monaldi.
Sin embargo, dejó claro que todavía hay una «gran incertidumbre» sobre la nueva autorización a Chevron, que «claramente es una licencia que no es esa de mínimo mantenimiento que tienen hasta este momento».
Para Ferrer, obviamente cambiarían los escenarios para la industria petrolera. “Es cierto que la producción y las exportaciones se han mantenido al mismo nivel con la breve salida de Chevron, pero no había expectativas de crecimiento. Ahora sí, aunque tardarán en materializarse, sobre todo por la incertidumbre que se genera con ese ahora sí, ahora no”.
Y al igual que Monaldi, considera que los importante será ver hasta qué punto se expanden las licencias: “Si son por más tiempo y para más empresas. Eso traería más o menos inversión y también certidumbre para el sector y la economía en general”.
“Lo más probable es que volvamos a tener lo mismo que en enero de este año para Chevron y las demás empresas que perdieron sus licencias. Repsol y otros ya tenían una licencia específica y privada, y los términos eran muy parecidos a los de Chevron”, dijo Ferrer.
León destacó que, si bien “la licencia es individual y privada”, hasta ahora no se conoce oficialmente sus características. Por tanto, “no es posible analizarla con certeza a partir de notas de prensa o filtraciones… Al final del día, el gobierno estadounidense puede estructurar las licencias según las negociaciones particulares entre las partes, y eso puede traducirse en mecanismos e implementaciones muy distintos entre una y otra”.
Monaldi es de la opinión que probablemente tampoco se conocerán los detalles de la nueva autorización de Chevron, como ocurrió con la licencia de octubre de 2022, cuando el gobierno de Joe Biden flexibilizó por primera vez las sanciones contra Venezuela.
¿Habrá que cambiar los barriles por divisas?
A propósito de la información publicada por El Miami Herald, según la cual Chevron pagará a la administración de Nicolás Maduro con barriles de petróleo en lugar de efectivo, es decir, divisas, que anteriormente iban al mercado cambiario, Luis Vicente León indicó que los pagos permitidos bajo la nueva licencia solo serían autorizados en “especie» a Pdvsa. Eso implicaría, agregó, una diferencia frente al esquema previo a la eliminación de las licencias, aunque reiteró que todavía no hay detalles públicos confirmados al respecto.
El también economista señaló que, en ese caso, Chevron estaría obligada a saldar sus compromisos con Petróleos de Venezuela (Pdvsa) entregando petróleo, en lugar de dinero. “Esto cambia la forma en que se perciben los ingresos: el Estado recibiría el crudo y tendría que colocarlo en el mercado internacional para convertirlo en divisas”.
Sin embargo, León recalcó que “este mercado sería no oficial, con sus costos operativos y cobros parciales en mecanismos alternativos de pago (como criptomonedas o stablecoins), lo que implica un cambio en la forma y los canales a través de los cuales el país recibe recursos”.
Puntualizó que en este esquema el suministrador principal de esas divisas al mercado local “ya no sería la propia Chevron a través de la banca privada, sino Pdvsa a través del BCV y en los mecanismos de pago que ella reciba”.
Sin embargo, Elías Ferrer sostiene que, si Chevron paga al gobierno de Nicolás Maduro en barriles, “volveríamos al mismo problema de antes para Estados Unidos. Que Maduro le venda petróleo más barato a China. Lo que debería intentar Washington, por sus intereses propios, es al revés, que Chevron sea el que comercializa y luego paga bolívares a la tesorería venezolana”.
En cambio, Francisco Monaldi enfatizó que todavía no está claro cuáles serán las implicaciones que Chevron pague con barriles de petróleo a Venezuela. “Supongamos que de lo que estamos hablando es de diluyente. Se están importando unos 60.000 o 70.000 barriles diarios de diluyente y se estaban exportando 250.000 barriles a Estados Unidos de crudo”.
Explicó que ese crudo incluía una porción de esos diluyentes, unos 20.000 o 30.000 barriles diarios. “Lo demás de esas importaciones terminaba en el mercado interno, en el mercado de gasolina de Venezuela. La pregunta es si eso va a ser suficiente como pago y pareciera que no, porque es una fracción solamente».
Añadió que, aunque «el diluyente es más caro que el crudo, parece improbable que se puedan exportar 250.000 barriles y ser pagados con 70.000 barriles de diluyente. Así que hay que ver qué otro mecanismo sería utilizado».
Otro elemento para considerar, a juicio de Monaldi, más allá de saber cuánto será el nivel de producción de crudo es cuánto recibe el Estado venezolano de esos dólares exportados y «si esto va a permitir, como en el pasado, proveer de dólares al mercado cambiario para que compre el sector privado».
«Esas interrogantes todavía las seguimos teniendo. Si no pudiera operar Chevron vendiendo dólares en el mercado bancario, esto no tendría el impacto que tenía en el pasado en términos de dinamizar las importaciones del sector privado y de limitar las presiones en el tipo de cambio. Pero uno sí podría asumir que esto evitaría que las expectativas de inflación que había en el país se disminuyan, que los agentes económicos estén menos preocupados por una continua devaluación y un incremento muy sustancial de la inflación», aseveró.
En el ámbito económico, señaló que se pudiera esperar que no se registre un crecimiento negativo. Es decir, «un decrecimiento de la economía, del PIB, sino que tuviéramos un crecimiento probablemente más moderado del que se ha anunciado en el primer semestre, pero positivo al fin».
Luis Vicente León también considera que tiene un impacto positivo en los trabajadores de las zonas petroleras, al garantizarles estabilidad laboral e ingresos. Además, contribuye a que la producción petrolera venezolana en su conjunto no caiga ni tenga que ser redirigida completamente hacia mercados no occidentales u opacos, “donde prevalecen mayores sobrecostos y menor transparencia”.
Y advierte, desde una perspectiva hipotética, sin «información privilegiada o específica», que “las licencias son individuales y privadas” y aunque la operación que se vislumbra no constituye una apertura plena ni permite realizar grandes inversiones, que serían deseables para estabilizar el sistema petrolero del país, “es claramente una mejora respecto a la etapa de restricción iniciada en mayo de 2025. Debe verse como una señal positiva en el camino hacia futuras negociaciones más amplias”.
¿Un cambio en la política de máxima presión o un ‘tira y encoje’?
Ante lo que ha sido publicado sobre la reanudación de las operaciones de Chevron en Venezuela, Luis Vicente León asevera que “está en marcha un cambio evidente en la estrategia de comunicación y negociación del gobierno norteamericano frente a Venezuela”, principalmente porque no le conviene aislar al país ni regalarles su espacio estratégico a actores adversos.
“Resulta absurdo pensar que un gobierno mantendrá indefinidamente una política de sanciones contra otro si esta no tiene posibilidad real de generar cambios políticos y, además, produce efectos boomerang negativos para quien las aplica: empeora su política migratoria, afecta las actividades económicas de sus propios ciudadanos, reduce su capacidad de incidir en el mercado energético regional, fortalece la influencia de su adversario global y pulveriza a la oposición que ha intentado respaldar», manifestó León en su cuenta en X.
Francisco Monaldi comentó que “hay varias teorías y varias especulaciones, pero pareciera que el presidente Trump personalmente dio la indicación de que él quería que se volvieran a autorizar la operación de Chevron en Venezuela».
Recordó que uno de los objetivos de la administración de Trump tiene que ver con el mercado petrolero y la reducción de la inflación. «En Estados Unidos hay una demanda de crudo pesado venezolano importante y las refinerías de la costa del Golfo en Texas y Louisiana van a estar muy contentas de poder recibir este crudo venezolano».
Pero, a pesar de ello, Monaldi asegura que el petróleo de Venezuela sigue sin tener un impacto relevante en el mercado petróleo mundial, porque «no va a subir la producción de manera significativa y si acaso tiene un impacto muy pequeño en el precio de los combustibles en la zona de Texas y Louisiana, pero no es una cosa que sea significativa para reducir la inflación en Estados Unidos».
Para Elías Ferrer, por ahora, “es muy confuso” lo que tiene que ver con las negociaciones que se están llevando a cabo. “Es conocido que el CEO, Mike Wirth, ha hablado con Trump personalmente en varias ocasiones. Ahí se habló mucho de dejar de beneficiar a China y contener su influencia en Venezuela y América Latina”.
También maneja versiones según las cuales, tanto Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos, como Richard Grenell, enviado especial de Trump para Venezuela, habrían trabajado juntos. “El intercambio de presos, incluyendo los migrantes en El Salvador, vendría de la vía de Rubio, mientras que reintroducir las licencias era propuesta de Grenell, así como de su expansión progresiva mientras avanzan las negociaciones”.
De acuerdo con Ferrer, el empresario petrolero Harry Sargeant también ha jugado un papel, según algunas fuentes extraoficiales, para facilitar el intercambio de presos.
“Junto con Chevron, fueron los principales actores económicos estadounidenses que promovieron el acercamiento con Venezuela. Ambos argumentaron que es mejor que ellos y otras empresas occidentales trabajen en el país que dejarles el espacio a rivales como China, Irán y Rusia. A falta de expectativas de cambio político en Venezuela, según fuentes en Washington, Marco Rubio se quedó sin argumentos”, señaló Ferrer.
Y Jeremy Martin concluye que, “a pesar de todo el esfuerzo y la aparente ‘máxima presión’ de los últimos meses, la producción y las exportaciones de petróleo de Venezuela están cerca de los niveles que tenían antes de las cancelaciones de licencias”; al tiempo que el gobierno de Maduro cumple un año “firmemente en el poder” desde las elecciones del 28 de julio.
“Queda un gran tira y afloja interno sobre lo que se permitirá y las modalidades… Dicho esto, parece haber un retorno al ‘lado Grenell’ del tira y afloja dado los recientes acontecimientos de deportación de rehenes e inmigrantes. No es difícil imaginar el intercambio permitido si no se exige algo a cambio. Por último, y lo más importante, no hay amigos permanentes ni enemigos permanentes. Sólo intereses permanentes… y nada es definitivo en el mundo de Trump”, puntualizó Martin.





