Uno de los objetivos que se fijó el presidente de Colombia, Gustavo Petro, tras el restablecimiento de relaciones diplomáticas con la administración de Nicolás Maduro en agosto de 2022, fue que posteriormente Venezuela se reincorporara a la Comunidad Andina de Naciones (CAN).
La respuesta del equipo comercial de Maduro, no obstante, fue rechazarla porque en principio eso iba en contra de los tantos legados de desaciertos económicos que instauró el fallecido presidente Hugo Chávez, pero ideológicamente se evidencia que el pragmatismo lleva a sepultar todas sus medidas, de acuerdo con lo publicado en el semanario Exclusivas Económica.
Adicionalmente pesa un elemento diplomático y político como es el hecho que los únicos miembros de la CAN que son aliados del gobierno venezolano son Bolivia y Colombia con Luis Arce y Gustavo Petro, respectivamente, pero no es el caso con el Gustavo Noboa en Ecuador y Dina Boluarte en Perú.
Venezuela presentó su renuncia de la Comunidad Andina en abril 2006, procedimiento con el que se formalizó la intención de retiro bajo el argumento del rechazo de Chávez a la decisión de Colombia y Perú de suscribir tratados de libre comercio con Estados Unidos. Cinco años más tarde, en 2011, se concretó el abandono de Venezuela de la CAN.
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Lo cierto fue que el andamiaje jurídico de este mecanismo de integración cuenta con una serie de decisiones que sustentan la operatividad de una zona de libre comercio y un área de integración económica como la que llegaron a tener Colombia y Venezuela.
Es así como las negociaciones entre los equipos comerciales de ambos países encontraron que una manera expedita para armonizar legislaciones con implicación en el comercio exterior era la conformación de una zona económica binacional sobre todo en lo que compete a la homologación de transporte de carga, seguros y fletes y operación de agentes aduanales.
Los equipos de ambos gobiernos, sin embargo, no quisieron que el acuerdo se remitiera sólo a una mención comercial y optaron por un nombre muy propio de la izquierda nostálgica que siempre recurre a nombres como Zona de Paz, Unión y Desarrollo y no simplemente Zona Económica, Especial Binacional, lo que ha llevado a se hagan interpretaciones políticas que van más allá de lo económico.
Hasta el momento este acuerdo es solo un memorando de entendimiento que corre el riesgo de no concretarse por la resistencia que está teniendo en Colombia por parte de grupos de oposición y porque ya se entró en una dinámica electoral para las elecciones presidenciales de 2026.
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