Recientemente diferentes organizaciones y agencias energéticas publicaron datos estadísticos y proyecciones referentes al futuro de las energías primarias. Si bien son comunes los pronósticos del alza del consumo, al contrastar los estudios existen discrepancias sobre cuáles fuentes energéticas sustentarán en mayor proporción la demanda en las próximas décadas.
No me produce ansiedad predecir o adivinar cómo será el balance de la matriz energética mundial en 2050, ya que estadísticamente se pueden hacer proyecciones y -de manera responsable- inferir en quién recaerá el peso de mantener energizado el mundo. Quienes analizamos el tema reconocemos que las energías están ligadas a la seguridad nacional, por lo que es una arista de la geopolítica mundial.
Con base en la bitácora numérica de las energías disponibles en el Statistical Review of World Energy 2025, publicado por el Instituto de Energía, se puede evidenciar que durante el año 2024 la demanda energética escaló a 592 Exajoules (EJ), siendo el mayor pico de consumo en la historia. Por su parte, el petróleo aportó 199,05 EJ, el carbón 165,06 EJ, el gas 148,60 EJ, las renovables (incluyendo la hidroeléctrica) 48,77 EJ, y finalmente la nuclear con 30,74 EJ.
Con tales números puedo precisar que los combustibles fósiles contribuyeron con el 86,57% de la demanda mundial, muy por encima de las renovables que representaron 8,23%. Es así como existe un crecimiento porcentual interanual superior para las fuentes renovables. No obstante, en términos volumétricos el aumento de las energías fósiles durante el 2024 excede a las energías renovables al contabilizar un aumento de 7,6 EJ contra 3,5 EJ respectivamente.

El petróleo lleva seis décadas ocupando la cúspide de la matriz energética del planeta. Este importante commodities aportó durante 2024 alrededor de 34% a la demanda de energía de la humanidad. En 1960 desplazó al carbón y desde entonces es centro de análisis presentes y prospectivos. Sin embargo, sabemos que el mercado energético internacional es dinámico debido al desarrollo de tecnología, al establecimiento de políticas, y a la suscripción de numerosos acuerdos ambientales. lo cual persiguen un cambio de la matriz energética mundial. Aun así, el petróleo lidera el escenario con facilidad seguido por el carbón y gas.
Este trinomio fósil mantiene tendencias de crecimientos similares a lo largo de la última década; mientras que las energías renovables, a pesar de todos los distintos incentivos, patrocinios y acuerdos suscritos por impulsar su desarrollo exponencial, no terminan de despegar. Hasta el momento las fuentes fósiles mantienen una diferencia bien significativa de 78,34 puntos porcentuales por encima de las renovables, lo que pone en evidencia la importancia de las energías primarias prehistóricas para mantener los niveles actuales de desarrollo en las sociedades.

Es reconocido que la energía condiciona enormemente las posibilidades de desarrollo humano, social y económico; así lo describe taxativamente la Organización de Naciones Unidas en su Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número siete contemplado en la Agenda 2030. Este transversal ODS está intrínsicamente vinculado con erradicación de la pobreza, seguridad alimentaria, educación, prosperidad, implementación de medidas urgentes contra el cambio climático, entre otros. Por tanto, se concluye que mientras no se logre equilibrar la matriz energética global los combustibles fósiles seguirán siendo el presente y futuro del “suministro confiable y seguro de energía”.
Bajo esta precisión puedo, a riesgo de errar, asegurar que aquellos países afortunados de contar con recursos energéticos fósiles tienen la posibilidad de impulsar su progreso económico y social; además de contribuir con el desarrollo de otras naciones. Pero existen otras variables que condicionan esta voluntad, pues no basta con ser ricos en reservas de hidrocarburos. Se requiere estar insertado dentro del mercado energético internacional, participar en acuerdos y convenios internacionales de explotación y comercio, adaptarse al consenso de marcos jurídicos-contractuales entre los protagonistas del negocio; pero, sobre todo, estar libre de asedios, restricciones financieras, económicas, y comerciales que limiten el desarrollo de las industrias energéticas.
Como petrolero de profesión, vocación, y corazón sigo creyendo que los recursos hidrocarburíferos son el eje transversal del desarrollo económico y socio-productivo de los países que los poseen, responsables de ser suplidores seguros de la energía y materia prima que se multiplica en muchos productos que las sociedades e industrias consumen y que son necesarios para mantener el estilo de vida de las poblaciones globales. En consecuencia, deben ser explotados bajo estándares de conservación ambiental, donde los ecosistemas sean indicadores preponderantes en la economía mundial.
Finalmente, después de este ensamble de números, presiones y opiniones estableceré algunas conclusiones:
- El mundo sigue aferrado a los combustibles fósiles. Estos representan una fuente confiable y segura de energía, y -aunque para unos no sean tan amigables con el ambiente- no cambian sus vehículos automotores por bicicletas.
- Por ahora, es difícil desprenderse de los beneficios de los hidrocarburos; pues el crecimiento de la economía mundial es directamente proporcional al consumo energético. Es así, como los combustibles fósiles son un factor importante en las variables macroeconómicas de los países.
- La ansiosa transición energética debe esperar. Existen avances en el desarrollo y uso de energías alternativas, pero no será ni a corto ni mediano plazo que las renovables desplacen a las fósiles, antes debe trabajarse en la planificación, el cambio de la matriz hacia diversas fuentes implica nuevos actores, negocios y tecnologías, diferentes tipos de producción, distintos modelos de comercialización; lo que sin duda alguna vendrá a modificar las condiciones geopolíticas de los nacientes mercados emergentes.
- Las grandes empresas y corporaciones productoras de petróleo, gas, y carbón, deben asumir un rol conservacionista/ambientalista, invirtiendo mayores recursos para la creación de tecnologías que minimicen, reduzcan o “atrapen”, las sustancias contaminantes que generan sus distintos usos, y que agravan las afectaciones ambientales generadas por las distintas sociedades.
Con Corazón Petrolero









