Perú en casi 10 años ha tenido ocho presidentes. Todos los mandatarios han sido depuestos por el Parlamento principalmente por denuncias de corrupción o ingobernabilidad. Tras culminar el mandato de Ollanta Humala, los cambios de mandatarios comenzaron en 2016 con Pedro Pablo Kuczynski, quien duro menos de dos años; luego vino Martín Vizcarra por algo más de dos años; Manuel Merino estuvo cinco días en el cargo; Francisco Sagasti permaneció solo ocho meses.
La elección de Pedro Castillo en abril de 2021 no mejoró la situación y apenas estuvo en la primera magistratura por año y medio. En diciembre de 2022 asumió Dina Boluarte y la lista la cierra ahora José Jerí en octubre de 2025.
En ese contexto de inestabilidad política, su economía ni se inmuta en cuanto a comportamiento del producto interno bruto (PIB) y la inflación. El Fondo Monetario Internacional (FMI) indica que la economía peruana –entre 2016 y 2025- siempre registra un saldo positivo en el crecimiento de PIB, con la sola excepción de 2020 por efectos de la pandemia de la COVID-19. La inflación anual a lo sumo llegó a 8% en 2022 y se prevé que cierre este año en 2%.
El economista peruano José Gonzáles, socio director de GCG Advisors, pone la lupa en las razones por las cuáles su país muestra tanta estabilidad económica en medio de tanta crisis política, aunque siempre hay el riesgo que esos cambios de mandatarios puedan pasar factura.
-¿Por qué hay estabilidad económica? ¿Qué ha hecho el Perú para que en medio de estos cambios de presidente su economía permanezca inmutable?
-La economía peruana es, si no la primera o la segunda después de Chile, la más solvente de América Latina con reservas internacionales cercanas a los 85.000 millones de dólares. Tiene una deuda soberana contra PIB del 30%, que es la más baja en la región; una cuenta corriente positiva y un déficit fiscal del 2,6% del PIB, aunque la regla fiscal en el Perú señala que ese déficit debería ser del 2%, lo que quiere decir que ese 0,6% adicional podría parecer grave, pero digamos es bajo si vemos que el déficit fiscal en Estados Unidos es de 7%.
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Por otro lado, el Perú es el segundo productor de cobre en el mundo y también ha sido favorecido por el precio del oro, que ha superado los 4.000 dólares la onza por primera vez en la historia del oro. Adicionalmente, la producción agroindustrial peruana supera los 2.000 millones de dólares anuales. Todo eso ha hecho que la economía peruana sea muy sólida y el sector privado en el Perú tiene una garantía constitucional desde la reforma constitucional de 1993 y creo que es el único país en el mundo donde el Estado se subordina a los intereses de los contratos privados.
No obstante, en los últimos años el Perú ha tenido una gran volatilidad política con ocho presidentes en menos de 10 años y casi todos los expresidentes tienen algún tipo de proceso penal o han sido detenidos en una prisión y el país sigue funcionando. Esta volatilidad política refleja una economía que es privatizadora o privatizante, es decir, más privada que lo privado, más papista que el Papa, pero esa inestabilidad debilita la estructura de lo público y de la inversión pública, genera a su vez cambios sociales y volatilidad política.
Eventualmente, el Perú tiene que empezar a planificar hacia adelante qué hacer con esa solvencia y eso requiere de un fortalecimiento de lo público vis a vis de lo privado.
-¿La clave de esa estabilidad económica radica en eso que menciona del peso del sector privado?
-Absolutamente, pero también porque hay un respeto por la autonomía del Banco Central. Más allá de lo institucional, la independencia del Banco Central es parte de ese proceso y es el trabajo que han hecho todos los peruanos en los últimos 30 años en convertir una economía que fines del primer gobierno de Alán García, entre 1985 y 1990, era inestable, marcada por la hiperinflación y de solo 26.000 millones de dólares. Ahora es de 300.000 millones de dólares.
Por otro lado, el Perú siempre ha sido un país de naturaleza conservadora. Durante la Guerra de la Independencia había más peruanos defendiendo el realismo español que las fuerzas independentistas que venían de Venezuela y esa fue la razón por la que Simón Bolívar tuvo que conformar un ejército multinacional porque sabía que no contaba necesariamente con los peruanos. Ese espíritu conservador siempre ha promovido o mantenido esa noción de que la propiedad privada como elemento esencial y ha preservado esas estructuras conservadoras económicas.
En los últimos años se ha incorporado más población al consumo y eso ha permitido que la economía crezca. Si una economía no incorpora a la mayor cantidad de gente no crece y ese repunte tiene sus efectos sociales y políticos.
-¿Todos los indicadores económicos más allá de la variación del PIB y la baja inflación están estables?
-La tasa del riesgo soberano del Perú no se ha movido un ápice. La moneda, el Sol, sigue también estable por todos los indicadores que hemos mencionado, pero eventualmente la volatilidad y la inestabilidad política le va a pasar factura a la economía. Eso es inevitable y no se puede creer que eso no tenga un efecto en un momento dado. En los años 50 del siglo XX, la economía peruana también fue muy estable; pero la Guerra Fría, las dictaduras y los distintos cambios terminaron en esa hiperinflación que se vivió en el primer gobierno de Alán García, que además no fue la única inflación en América Latina, sino que fue un fenómeno regional y global.
La inestabilidad política que se está viendo refleja un país que no encuentra su propio orden y destino, no termina de incorporar a esas nuevas mayorías, no las articula y ese es el tumulto que se está viviendo.
-¿El modelo político del Perú no termina siendo como una versión latinoamericana de un sistema parlamentario?
-No, el régimen peruano es muy presidencialista. De hecho, la Constitución de 1993 que rige el Perú fue convocada por Alberto Fujimori. Es tan presidencialista, que le otorgó al presidente la capacidad de disolver el Congreso, aunque el Parlamento en caso de no aprobar el gabinete puede declarar vacante la presidencia por la incapacidad moral permanente.
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– Qué se entiende por incapacidad moral permanente?
-Es una herencia de una Constitución del siglo XIX, en la que se entendía como incapacidad moral la sanidad mental. No era como la entendemos actualmente y se dejó así porque Fujimori contaba con mayoría absoluta y nunca se pensó que esa situación se iba a dar.
Sin embargo, cuando Fujimori se va a una reunión de la APEC (Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico) en Brunei y luego decide no regresar al Perú, sino que se va para Japón, el Congreso, en lugar de aceptar la renuncia que el presidente envió por fax, decidió utilizar ese recurso constitucional y declaró vacante la presidencia por incapacidad moral permanente.
A partir de ese momento se convirtió en un arma legislativa contra del Ejecutivo y ha sido utilizada como una espada de Damocles contra todos los presidentes que el Congreso no considera que se alinean con sus intereses. En el camino, el Congreso peruano se ha ido fragmentando sistemáticamente y fue lo que le ocurrió a Dina Boluarte.
A Pedro Castillo le pasó lo mismo. Intentó hacer un autogolpe, pero fue un gran desorden y sin el éxito que tuvo Fujimori, que sí disolvió el Congreso.
Lo que está sucediendo en el Perú es muy similar a lo que está ocurriendo en América Latina, donde la delincuencia se ha incrementado sustancialmente afectando a las clases medias. Luego está el hecho de que 70% de la población peruana es informal y hay una actividad de extorsión muy intensa, particularmente en los sectores del transporte y de espectáculos.
La respuesta de la presidenta Boluarte generaron que los partidos en minoría fueran sumando votos para la vacancia y se llegó a la mayoría.

-¿La elección de José Jerí mantiene la incertidumbre?
-Su designación ha sido muy desordenada y caótica, no tiene ni planificación ni dirección ni orden, ni plan. Jeri viene de ser el presidente del Congreso, en las primeras 72 horas no había podido nombrar un gabinete y los indicios señalan que podría ser un gobierno muy corto en la medida que no tiene ninguna capacidad de acción.
Además, tiene una denuncia por violación, hay una cantidad de videos en TikTok que revelan su personalidad. En las primeras horas de su gobierno, ha querido imitar al presidente de El Salvador, Nayib Bukele, pero carece de un plan que lo respalde y el tema de seguridad criminal es muy importante en el Perú.
-Pero insisto en señalar que la reacción de los agentes económicos o la Bolsa de Lima, prácticamente, reaccionan de manera imperceptible frente a este cambio político.
-Los indicadores son muy estables porque nada ha cambiado en lo económico, los inversionistas nacionales e internacionales dan por descontada la estabilidad interna. En lo político, después del primer gobierno de Alán García con la hiperinflación y la insurgencia de Sendero Luminoso, se creó la noción de que la estabilidad es imprescindible en el país.
-¿Ve factible dentro de la dirigencia política actual surja un liderazgo como el de Alan García o Alberto Fujimori?
-Pedro Castillo probablemente fue un ejemplo de un país que cambia. Era un profesor rural, cuyos padres eran analfabetos funcionales y llega a la presidencia por una serie de accidentes, y representó un poco a las mayorías incorporadas a la economía.
Castillo fue el primer paso de un proceso que no va a retroceder, es irreversible. Boluarte y Jerí son expresión de lo mismo. Ese es un poco el proceso que estamos viendo, no solo en el Perú en particular, sino en América Latina en general.
En este momento es muy difícil que suceda porque el partido aprista, al que perteneció el presidente Alan García, ha desaparecido para cualquier efecto práctico y no logra reencontrar un rumbo ni un liderazgo que le permita el acceso a la presidencia.
El pragmatismo de los peruanos impide que se maneje lo público con descuido. No obstante, un país como el Perú, que tiene una solvencia extraordinaria, debe empezar a pensar en cómo usar esa solvencia como Noruega con su fondo soberano, que es el más grande del mundo.
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